domingo, 24 de junio de 2012

Khedira, de área a área... por CAYETANO ROS

Actor secundario e “invisible” con Mourinho, el mediocentro de origen magrebí ejerce un papel de líder en Alemania y asume más protagonismo ofensivo que en el Madrid


Su padre, tunecino, y su madre, alemana, viajaron a Ucrania para ver en directo los tres partidos de la primera fase de su querido Sami. También su novia, Lena, una modelo de piernas larguísimas, estuvo en Lviv. Todos siguen a Sami Khedira (Stuttgart, 1987), hijo y compañero ejemplar. Un modelo de la capacidad integradora de Alemania, a punto de convertir en jefe de su selección a un descendiente de emigrantes magrebíes. “Me piden que sea el líder y es un paso que voy a dar”, reconoce Sami, dueño de un discurso elaborado y complejo, diplomático si se tercia: “La señora Merkel es fan de la selección y la selección es fan de la señora Merkel”.

En contraste con el Madrid, donde desempeña un papel secundario, la Nationalmannschaft le reserva un protagonismo capital. Le gustan dos expresiones para definirlo. Una es inglesa: box to box, defendiendo en un área y rematando en la otra, como en el gol de volea a Grecia en los cuartos de final; la otra es alemana: un sechser moderno, más predispuesto a atacar que a defender, en contraste con el seis clásico, Matthäus o incluso Beckenbauer, retrasados eventualmente a la ya extinta posición de líbero.

“La selección busca el gol a través del colectivo y del seis espera más acciones ofensivas de las que me reclaman en el Madrid”, explica en una entrevista en el Süddeutsche Zeitung. “El Madrid basa su juego ofensivo más en las individualidades de sus cuatro atacantes”, abunda. No es una queja. “Hay que entender que uno puede ayudar mucho a un equipo sin entrar en acción”, añade en alusión a su parte deslucida en el Bernabéu. “A veces es más inteligente apartarte del medio, renunciar a participar en un pase de gol. Eso, desde fuera, es invisible. Pero a veces menos es muchísimo más”.

Aunque reconoce que la prensa española puede ser “despiadada” con él, Khedira acepta el sacrificio táctico impuesto por el técnico madridista, José Mourinho. “Mou me ha hecho entender mucho mejor el juego: yo antes era muy impetuoso y él me hizo ver que a veces era mejor quedarme que irme al ataque”. Mantienen una relación fluida pese a un primer encuentro fugaz. Antes de fichar por el club blanco, Khedira tomó un avión desde Stuttgart, aterrizó en Madrid, y habló tres frases con el técnico portugués.

—“¿Qué quieres hacer en el Madrid?”, preguntó Mou.

— “Jugar”, respondió el jugador.

— “Ok, estás fichado”.

En ambos casos, en Alemania y en el Madrid, Khedira está escoltado por un especialista. “Tanto a Xabi Alonso como a Schweinsteiger les gusta el balón al pie y abrir el juego con sus pases. No hay nadie en el mundo que dé los balones diagonales de Alonso”, dice.

Muy arrepentido de no hablar árabe, Khedira confesó haberse emocionado con la revolución democrática del norte de África, especialmente en Hammamet (Túnez), la tierra de sus antepasados. En la fiesta musulmana del cordero, se encarga de comprarlo personalmente. Su visita a Túnez, sin embargo, debe esperar. Unas fotos suyas en la revista GQ, vestido de esmoquin junto a su novia, desnuda, sentaron como un tiro en los sectores tunecinos más conservadores.

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