sábado, 12 de mayo de 2012

¿Hemos aprendido algo?... por ANTONIO BIGATÁ


Acaba la Liga que algunos al principio decían que iba a ser la menos interesante del mundo por la excesiva superioridad de la pareja Real Marid y Barça. Sin embargo, tenemos por delante una última jornada más apasionante que nunca pese a que, precisamente, Barça y Madrid ya han dado por acabado por este año su pulso particular. Jamás se había llegado a los 90 minutos finales con cinco equipos, y de tan distinto pelaje, como el caso del Zaragoza y el Villarreal respecto a los siempre sufridores Rayo, Granada y Sporting, jugándose la permanencia, algunos en enfrentamientos directos. Jamás había estado tan interesante el desenlace entre los aspirantes a ir a la Liga Europa. Tampoco habíamos tenido nunca como factor influyente de estos últimos suspiros de la competición el lujo de un lógico cansancio de dos equipos de clase media, el Atlético colchonero y el Athletic vasco, por haberse desgastado esta misma semana en nada menos que la brillante final europea de consolación.

Pero esta última jornada corta la cinta de salida de muchas otras cuestiones. Para el Barça, que ha sido solo segundo y que está amenazado por la mas que probable pérdida a manos del Madrid de su récord absoluto de puntos en la Liga, no solo es la despedida de Guardiola en esta competición, sino que se abre una delicada etapa de puesta a prueba, con el paréntesis de la final de Copa, de la solidez de las nuevas convicciones que durante estas cuatro temporadas triunfales con Pep han crecido o parecido crecer en la grada del Camp Nou.

Esta Liga no ganada, al menos en el cómputo oficial de puntos, encara al barcelonismo con la cuestión clave de si quiere continuar apostando por hacer el mejor fútbol del mundo, triunfando unas veces y perdiendo otras, o prefiere en el fondo, como Florentino y Mourinho, simplemente ganar como sea. Porque, ¿cuál será el humor del Camp Nou si la próxima temporada, sin ese paraguas protector de las dudas que ha sido Guardiola, el equipo juega bien pero no consigue continuar la locura imposible de ganar prácticamente todos los partidos? ¿Es sólida o únicamente coyuntural la apuesta por una plantilla corta para poderle dar sitio a la cantera? ¿Dejará esa afición trabajar en paz y a su manera a Tito Vilanova? ¿Continuará siendo impecable el respeto de la directiva a las decisiones de los responsables deportivos, Andoni Zubizarreta y el propio Tito?

Acaba la Liga y empieza el tradicional baile de rumores sobre fichajes y bajas. Todos sabemos que hasta el equipo más perfecto necesita retoques anuales para reactivar su rendimiento. Pero para el mejor equipo del mundo esta etapa no ha de ser, pese a que previsiblemente algunas decisiones serán polémicas, un verano de desgaste. Es lo menos que debe ofrecer de entrada el barcelonismo como margen sincero de confianza al nuevo entrenador y a la nueva etapa que descorcha el club.

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