lunes, 23 de septiembre de 2013

El Tata y la erótica del riesgo... por ORFEO SUAREZ


Entre las muchas palabras que se utilizaron para calificar a Guardiola, en ocasiones con exceso de almíbar, hubo una muy poco utilizada: riesgo. Es cierto que durante su etapa en el banquillo del Barcelona se benefició de una tradición, de una cultura del juego tratada con mimo en la cantera, y de la aparición de unos jugadores que raramente coinciden en el mismo lugar e idéntica generación. Todo ello es cierto, insisto, pero sólo determinadas decisiones innegociables, propias de un fanático de una idea, llevaron a construir con todo ese material un equipo de autor que, además de ganar, enamoraba. El arranque del Tata Martino, como lo fue el de Tito Vilanova, demuestra que los resultados, el potencial, no han disminuido, pero el Barça ha pasado de ser un equipo singular, único, a un grandísimo equipo. Ha perdido la erótica del riesgo. Sus aficionados pueden estar tranquilos, dada su fiabilidad, aunque el fútbol, como la vida, lo es menos sin un poco de intranquilidad.

Existe un episodio que define como pocos a Guardiola. Fue el partido en el Bernabéu en el que, poco después de un fallo de Valdés al sacar el balón con el pie, que entregó prácticamente el primer gol al Madrid, el entonces técnico azulgrana decidió cambiar a defensa de tres jugadores. Era la maniobra de un temerario frente al mejor contraataque del mundo, pero era también lo que el cuerpo siempre le había pedido. El Barcelona barrió al Madrid. Con esas mismas constantes, murió en el Camp Nou frente al mismo equipo tiempo después, bajo el eco de voces que le pedían cambios. Se marchó. En Vallecas, el Tata no se vio en ese trance, sostenido ya por el liderazgo en la tabla. Sin embargo, Valdés sacó casi siempre en largo, nada de pases a los laterales abiertos para iniciar la jugada, con la intención de superar la presión alta de un dignísimo Rayo.

Paco Jémez, su entrenador, manifestó que no observaba tremendas diferencias en el juego del Barcelona, pero citó una clave, el domingo por la noche en conversación con José Ramón de la Morena, al decir que el nuevo entrenador azulgrana quiere evitar las situaciones de riesgo que atravesaba el equipo con Guardiola. Jémez es un técnico de buenos planteamientos y excelentes análisis, un hombre de fútbol a seguir por el mercado.

El hecho de que el Rayo tuviera mayor posesión no hay que sacralizarlo, puede ser circunstancial, pero no lo son los caminos elegidos por el Barcelona en su juego. El Tata busca transiciones más rápidas para enlazar rápido con Messi y Neymar, y eso minimiza a los personajes que se sienten cómodos en las posesiones largas, como Iniesta o Xavi, y eleva a otros más verticales como Cesc o Pedrito. El eje Iniesta-Xavi da forma a un equipo, y ésta no es la forma actual del Barcelona, es un hecho.

Todo esto no quiere decir que el Tata esté equivocado. Llegó a un Barça abierto en canal por el Bayern Múnich con la misión de reconstruirlo y ha optado por lo que cree conveniente. Ha diagnosticado sin prejuicios, hay que destacarlo. Los resultados, de momento, lo avalan. Con la calidad de su plantilla, necesita jugar muy poco para ganar partidos, como demostró contra el Ajax.

A Guardiola, de hecho, le sucede algo parecido en su nuevo destino, donde su idea encuentra la dificultad de imbricarse en una cultura futbolística muy definida, y donde el ritmo de juego puede ser como los tornados: no hay construción que se les resista. Ya ha dicho que en el Bayern ha de adaptarse a los jugadores que tiene, aunque, en realidad, lo ficharon para todo lo contrario. No llegó para ganar, cosa que ya había hecho Jupp Heynckes, sino para enamorar. Ahora sólo hay que preguntarse hasta dónde decidirá arriesgar.

UNA AFICION TRISTE. UN EQUIPO LIDER... por CONFIESA


En una misma semana el Barça ha debutado en Champions   y ha viajado a Vallecas ganando con sendos 4-0. Un espectador imparcial, alguien que entendiera poco de fútbol pensaría que esas dos victorias a domicilio, y que el equipo sea líder en la clasificación con 5 victorias en 5 encuentros serían motivos suficientes para que los culés estuviéramos contentos, y que se nos notara.

Comentaba yo ayer que si nuestro gran rival hubiera ganado 3-2 al Sevilla en el minuto 93 la prensa hubiera titulado en dorado la hazaña, hubiera hablado de lo largos que son los partidos en aquel estadio y se hubieran acordado de algunos antepasados cuyos espíritus parecen  tener encerrados como el mago de la lámpara esperando a que alguien la frote y poder  pedirle el deseo correspondiente. 

Hubieran hablado de remontada colosal, de arranque de furia, de impetu galactico y de locura, sobre todo de locura en las gradas.

Nosotros, en cambio, parecemos deprimidos, tristes, cuando no enfadados por el juego del equipo. Molestos porque en ocasiones, un defensa, ante una presion muy alta, decide lanzar un pelotazo. Enfadados porque, a veces, en lugar de pasarnos la pelota durante minutos y minutos, observamos un cambio de juego o una carrera por la banda de un extremo.

Nos habíamos acostumbrado a que Valdés se la pasara a Mascherano, este a Piqué, luego a Xavi, que se giraba se la daba a Iniesta y vuelta a Piqué que ante la complicación volvía a hacerla pasar por las botas de Valdés para volver a empezar.

Refugiados en unos recuerdos, cercanos, pero que suenan distantes, nos hemos empeñado en que el Xavi de 34 haga lo que hacia aquel Xavi de 29, que el Iniesta de hoy sea capaz de salir de 4 rivales y que Neymar se adapte en 6 semanas a un juego tremendamente complicado y con una puesta en escena absolutamente espectacular.

Nos sentimos tristes por que  Martino, que ha ganado todo lo que ha jugado hasta ahora, no sea Pep,  por poner  en el campo sus propias ideas, y le reprochamos que esté mas pendiente 

de aportar soluciones que de defender un ideal que ni siquiera es el suyo.

Y en ese estado de animo, entristecidos por no deslumbrar como antes, echamos de menos aquellos rondos interminables que acababan, cuando el rival dejaba un hueco, en un golazo logrado desde dentro del área pequeña tras cuatro pases y dos paredes.

Aunque a veces olvidamos los momentos en los que intentábamos una pared imposible en el área pequeña, en los sustos en nuestra propia cuando los pases a Valdés (obligados aunque hubiera 4 presionando) nos hacían temblar viendo al gran guardameta regateando al delantero centro rival.
  
Ahora, parece que pillar a la defensa rival adelantada, disparar desde el borde del área o correr la banda para dar un centro, sea traicionar nuestra ortodoxia, como los ortodoxos de ciertas religiones o de ciertas ideas que son incapaces de ver más allá de éstas.

Y es raro encontrar a alguien que reniegue(yo nunca lo haría) de aquel sistema que puesto en marcha rozando la perfección por Guardiola nos dio 13 de 17 títulos posibles, que nos hizo ganarnos el reconocimiento mundial y que nos hizo estar cada día mas orgullosos de formar parte de este club, que mal que les pese a algunos, seguirá siendo “mès que un club” siempre.

Pero nos pusimos en manos de un entrenador de fuera, que como el mismo ha dicho hoy, “no es ni de la casa ni holandés” , y no podemos pretender que sea Guardiola con barriguita, ni que copie (“bienaventurados mis imitadores porque de ellos serán mis defectos”) todo lo de Pep.

Dejemos al Tata Martino trabajar, exijámosle buen futbol, permitamos que siga con sus rotaciones tendentes a que los mejores lleguen frescos al final de temporada, y si fracasa, si no consigue los éxitos que esperamos, pongámosle entonces una nota negativa al dorso y busquemos a alguien que sepa llevar al equipo. 

Pero de momento, disfrutemos del liderato, de las goleadas y, si nos es posible, de las carreras y los disparos desde 30 metros.

En la caverna están deseando que les hagamos el trabajo sucio.

Conmigo que no cuenten.

La venganza de Valdés... por PACO CABEZAS


Como si no quisiera dejar escapar un solo partido para rendir cuentas con todos aquellos que precipitaron su decisión de no renovar por el Barcelona. Como si cada una de sus paradas fuera un nuevo ejercicio de autoafirmación ante los directivos despechados que batallaron por venderle este verano y fichar a Reina (precisamente, su gran rival en las categorías inferiores); ante una hinchada que ha comenzado a entonar su nombre demasiado tarde; y ante algunos compañeros a los que, tan bien acostumbrados, les trajo sin cuidado lo que pudiera suceder detrás de su cogote. A Víctor Valdés siempre se le recordará por haber sido determinante en las Copas de Europa de Roma y, sobre todo, París. Pero pocos le reconocerán su papel clave en la manutención de una era sólo descifrable a partir de la figura de su portero.

Siempre le costó a Valdés expresar sus sentimientos en público. Pero pocas declaraciones fueron tan contundentes como la que lanzó a finales del pasado mes de mayo en la rueda de prensa en la que confirmó su intención de dejar el club azulgrana cuando finalice la presente temporada. El meta se había pasado toda la vida escuchando, en silencio, que si una característica lo hacía imprescindible para el equipo era su juego con los pies, en principio clave para acompasar el estilo del equipo. Sin embargo, Valdés echó por tierra el dogma y tiró de una evidencia que todos le habían negado: "Se habla mucho del juego con los pies, que es algo que con entrenamiento se puede mejorar. ¡Yo con 10 años ni chutaba! Pero el portero del Barça tiene que ser el mejor en el uno contra uno. Tiene que parar. Eso es lo más importante".

Los tiempos pasan, pero Valdés sigue a lo suyo, sosteniendo discretamente el modelo de turno haciendo simplemente de portero. Es decir, parando. Esa nueva vía en la que la posesión de balón ya no es el evangelio del Barcelona también la preserva Valdés. Y no porque tenga que hartarse a dar pelotazos de 50 metros para iniciar el juego (hasta 20 veces lo hizo en Vallecas) después de pasarse media vida buscando al compañero en corto. Sino porque ahora, que le llegan más y mejor, para incluso más y mejor. Tanto que, en apenas tres días, un guardameta que nunca había pasado del 20% de acierto en los penaltis, ha detenido dos consecutivos (Ajax y Rayo).

Orgulloso de esa madurez alcanzada bajo la instrucción de Ochotorena en la selección, no habrá día en que el Camp Nou no eche de menos a un portero que merece el mismo destino que su admirado Ramallets: alcanzar el cielo de Maracaná en el Mundial de Brasil.

TERTULIA con Segurola, Redondo y Gica: El Real Madrid golea con Ronaldo al frente


Santi Segurola, Julián Redondo y Gica Craioveanu, analizamos la victoria del Real Madrid ante el Getafe en donde Ronaldo ha sido uno de los grandes protagonistas y sigue mejorando sus registros. Además, comentamos la situación que atraviesa Benzema en el equipo y cómo se ha desarrollado la Asamblea de socios compromisarios del club blanco.

Descargar

TERTULIA con Segurola, Redondo y Gica: El Barcelona sigue arriba con Valdés como protagonista


Con Santi Segurola, Julián Redondo y Gica Craioveanu, analizamos la situación del Barcelona, que goleó al Rayo Vallecano por cero a cuatro pese a perder la posesión del balón en un partido después de cinco años. Víctor Valdés volvió a ser el gran protagonista de los blaugranas tras detener un nuevo penalti y sacar varias manos de mucho mérito cuando el partido no estaba decidido.

Descargar

Derrota en Vallecas... por ESTEBAN MONEO


El Barça perdió en Vallecas, como lo oyen, perdió. Muchos de los que durante años se han mofado de la dichosa posesión diciendo que no servía absolutamente de nada y era un rollo, ayer estaban exultantes. El Barça perdió por primera vez el porcentaje de posesión desde aquel humillante (por todos) pasillo en el Bernabéu. Muchos de ellos no quisieron entender lo que ha significado la posesión durante todos estos años, ni querían, ni quieren, ni querrán entenderlo. No pasa nada. Pero si que comprendían lo que significaba para los contrarios, por eso lo han odiado tanto. Por ello, incluso llegaron “a vender el alma al diablo” para poder derrocar esos conceptos, esos pequeños detalles, lo verdaderamente importante, que hacían tener un porcentaje mayor de posesión que los contrarios.

En realidad, el Barça lleva perdiendo mucho tiempo, bastante tiempo diría yo. Quizás desde la última temporada de Pep Guardiola en el banquillo. Si, se acuerdan de aquel señor al que los mismos que se reían de la posesión le ninguneaban diciendo que su equipo ganaba por inercia, porque sus jugadores eran extraordinarios, que él solo tenía que hacer una lista de once y ellos ganaban todo cuanto se ponía a su alcance. Si, aquel loco que se inventó a un tal Busquets, un chaval llamado Pedrito o recompro a un joven que no era titular en el Manchester United, Piqué para conformar su columna vertebral. Tres campeones del mundo, por cierto.

Fue tan grande ese equipo que las comparaciones son y serán odiosas. Imposible de volver a repetir por muchas y muchas cosas, no sólo por haber ganado la posesión en todos los partidos durante un quinquenio, ni por haber salido a Milán, Munich o cualquier otro campo europeo y ser el dueño del partido, sino por todos esos pequeños conceptos que engloban la posesión. No sólo tener el balón, la presión, la posición, el toque, la velocidad, el falso 9, el …. o simplemente por haber ganado dos Champions desde la excelencia.

Con la inercia pero relajando esos conceptos se ganó la Liga de los 100 puntos y probablemente dará para luchar por esta Liga, pero este no es el Barça. Ha ganado todo lo que ha jugado esta temporada pero le han maltratado en varias ocasiones, algunos como el Ajax, de escaso nivel, se han atrevido a tratarle de tú a tú y lo peor es que lo han conseguido. Probablemente se podría conseguir record de goles, de puntos, de todo lo que quieran, sin embargo no será el Barça. Será otro equipo, otro concepto, otro ciclo. Por fin señores, después de tantos años hablando de fin de ciclo al menor empate, llega el de verdad, el fin de ciclo. Cuando abandonas todos los conceptos que te hicieron tan grande, acabas un ciclo y debes empezar de nuevo.

El F.C. Barcelona ganó 0-4 en Vallecas. Sería excelente, si esta temporada fuese la primera después de Gaspart, lo malo es que ya hemos visto como pueden jugar estos mismos jugadores y no jugaban a esto. Seguimos cerrando un fin de ciclo por entregas, Milán, Madrid, Munich, Atletico, ….

Porcentajes... por MOREN


Sucedió 316 partidos después, así que es normal que del Rayo-Barça lo que quede es que los culés perdieron la posesión. Suena un poco ridículo si tenemos en cuenta que hablamos de un 48% frente a un 52%, y que con los guarismos intercambiados el partido habría sido el mismo, pero como decimos, se entiende. Dos años después, el entorno se empieza a dar cuenta que lo que fue no volverá y eso nunca es fácil. Al Tata le tocará cargar con esa cruz. El Barça fue invencible jugando a no perderla, pero hoy el plan ya no le sirve. Ahora mismo, el 75% de posesión no es una buena noticia para el Barça, o al menos, no lo es si ésta insiste en la misma fórmula. No nos viene de nuevo que en las últimas tres temporadas (la última de Guardiola incluida) el Barça de “no perderla” tiene el balón pero ni domina territorialmente ni lleva peligro al arco rival. Tanto Pep, como Tito o Martino no han esquivado la cuestión, los tres han tratado de aplicar medidas. El Barça de después del gran Xavi, necesita alternancia, arriesgar la posesión y verticalizar su juego. Necesita un mayor número de ataques que antes, aunque estos se den con la misma cantidad de balón.

Independientemente de los porcentajes de posesión, sobre los cuales, entendemos, el debate no tiene mucho más recorrido, el Barça será y debe ser con balón. Esto no significa tenerlo más o tenerlo menos, sino que las ventajas en el juego las encontrará desde lo que haga con el cuero. A esto sí que no se debe renunciar, por jugadores, filosofía y ventaja estratégica como club. Y en base a esto, en el Rayo-Barça, hay otros porcentajes más relevantes que si el equipo tuvo el esférico el 45, 55 o 65 por ciento del tiempo.

El primero es la cantidad de veces en que el equipo rifó el balón en salida. Aquí un apunte: no es lo mismo salir en largo que salir con un despeje. Salir en largo es lo de Márquez, Íñigo Martínez o lo que le hemos visto hacer también a Mascherano y Piqué. Lo otro es sacarse un problema de encima, y como decimos, el balón en el Barça no debe ser problema sino fuente de ventajas. Sea de un modo o de otro. Para atacar así o asá, más horizontal o pedaleando en bajada, más rápido o más pausado. Hablamos al final de la temporada pasada que por encima de un férreo marcador, el Barça necesitaba un central con una salida de balón excelente. Precisamente por esto. Para que la ventaja con balón sea desde el inicio. Finalmente no vino, y Martino tiene que cargar con eso. “Si le dices a tus defensas que en caso de riego se saquen el balón de encima, lo harán siempre”.

El segundo dato significativo del partido del sábado, fueron los pocos pases del equipo en campo rival y, sobretodo, su bajo porcentaje de acierto. Es un dato que está relacionado con el anterior. Si no generas la ventaja desde atrás, ni tienes a alguien arriba que te gane el balón directo o lo deje en ventaja para la segunda línea, al equipo le será muy difícil juntarse alrededor de la pelota. Si ese era el plan, que parece que sí, al equipo le hubiese venido bien Alexis Sánchez, aunque decirlo después de un hattrick de Pedro quizá sobre.

El Barça de Messi, Iniesta, Cesc, Neymar, Xavi, Busquets, Alves o Piqué, debe construirse desde el pase. Más largo o más corto, horizontal o vertical, en cadenas largas o más cortas, pero desde el pase. Y en campo contrario. Es como se ordenan todos, el camino al equilibrio entre el defender con balón -porque estos jugadores de otra forma no pueden- y el poder correr arriba. Son sólo dos pases más, pero hay que darlos.

Aclarando ideas en el Bernabéu... por CARLOS VANACLOCHA


La excusa simplona es que el proyecto necesita tiempo para aclarar ideas, encontrar la inercia de juego y perfeccionar las líneas maestras de lo que verdaderamente quiere Ancelotti, que por el momento no es su anunciada “espectacularidad”. El propio entrenador ya ha revelado que le valen “tres pases en vez de treinta para encontrar la solución”; el problema es que todavía no se ha dispersado esa nebulosa que está cegando a un equipo incapaz de coger el joystick del partido ni de lanzar a la carrera a sus depredadores, como lo hacía Mourinho hasta hace poco. Fue el partido de Illarramendi, aprendiz adelantado de Xabi Alonso que va tomando las medidas del Bernabéu con escuadra y cartabón; en Mutriku captó la idea de ‘repartir cartas’ y en Zubieta la maduró. Un muy buen ‘Illarra’ que se intuye imprescindible a expensas de los achaques físicos de Xabi Alonso. Y como la temporada es demasiado larga, incluido la carga FIFA que desmonta a la plantilla en cada parón, al ex realista le va a venir de lujo coger galones tan de golpe. También a Isco, pero su excepcional temporada en Málaga fue la prueba más palmaria de que en ese chaval había madera de crack.

Un ex futbolista de renombre del Madrid, ahora técnico de la cantera de Valdebebas, cree ciegamente que Isco habría encajado de maravilla en la ‘Quinta del Buitre’ en el papel de Martín Vázquez. Razón no le falta, porque a sus 21 años, el malagueño sabe dar esas pinceladas circenses que arrancan aplausos en el Bernabéu y, francamente, los blancos tampoco están dando muchos motivos para la excitación popular. En apenas un puñado de partidos, Isco ha pasado de ser un recluta a un auténtico general en un escuadrón nulo de ideas sin él. Y eso que no ha sido cinco estrellas contra el Getafe, ni siquiera un Cristiano Ronaldo cabreado en la primera parte por su amorfa posición de delantero y agradecido en la segunda pase con tanto pase al espacio. Ése es su estilo innato y Ancelotti lo sabe. Por ahí van los tiros de los “tres pases”.

Pero si Isco es el preferido del momento por aclamación general (con el permiso de CR7, claro)  Benzema se ha convertido en el nuevo Higuaín del Bernabéu, es decir, en el muñeco del pim, pam, pum. Los compañeros hacen piña con él, algunos con tanta vehemencia como Di María, para quien los silbidos de la afición son un detalle “feo”. Precisamente, el argentino no es el más indicado para criticar un gesto de la gente; él mismo también vivió momentos en el limbo y Mourinho se lo restregó ante la prensa diciendo que desde que renovó ni corría ni jugaba como antes. Benzema marca goles, sí, pero se ha dado cuenta que en el Madrid eso no basta; no para un público que obsequia piropos a quienes echan huevos al asunto, así de claro. El delantero tiene sus momentos: tan pronto se reivindica como goleador letal como falla al estilo Patrick Kluivert en su últimos fogonazos en el Barça, o sea, más que una escopeta de feria. Y la pena, para Benzema, es que la paciencia no casa bien en su estadio. En su mano está. 

Impresión legítima, diagnóstico prematuro... por SERGI PÀMIES

El protagonismo de jugadores como Xavi e Iniesta se está revisando


Para un equipo que presume de ser el mejor del mundo, un 0-4 en Vallecas no garantiza nada. Instalada en la abundancia de los éxitos y la sofisticación en el juego, parte de la clientela exige preservar sus privilegios y, desde una autoestima felizmente hipertrofiada, reniega del resultadismo con una mano mientras que con la otra agarra los quince puntos obtenidos en la Liga. En otro momento nos habríamos conformado con el acierto goleador de Pedro, la velocidad combinatoria que propició tres de los cuatro goles, la sobriedad de un Song tácticamente impecable, la peligrosidad rabiosa de Messi y la hiperactividad de Valdés (un Valdés que, con la evolución del juego de las últimas temporadas, ha recuperado el protagonismo que le había robado el guardiolismo más puro: aquel que no permitía que el rival pasara de medio campo). 

Con la humildad determinada y dialogante de un buen sindicalista (más próximo al estilo de El hijo de la novia que a la escuela mesiánica del gurú Steve Jobs), Gerardo Martino ha empezado a intervenir en las zonas más flácidas de la musculatura del equipo. Esta cirugía -inicialmente estética- ha anestesiado una parte estructural del organismo y aún no sabemos si creará rechazo. Por ejemplo: el protagonismo de Xavi e Iniesta se está revisando, no como el cuestionamiento irreversible de un dogma sino como una condición para mejorar la circulación de oportunidades y peligros, especialmente por la banda de Neymar (no diré nada de Alexis: entiendo que es un experimento tragicómico que tiene el objetivo de averiguar hasta donde somos capaces de soportarlo). Por razones diversas, el Efecto Rotonda que aportaban Xavi e Iniesta había perdido parte de su eficacia reguladora. Los cambios actuales insinúan la voluntad de dirigirlos hacia una contribución igualmente decisiva pero más influyente en los metros finales y no tanto en la cocina (el sábado Xavi intervino menos pero participó en tres de los cuatro goles). Es como si, a través de una autoridad que aún se tiene que ganar, Martino le hubiera dicho: "Tocarás menos pelotas pero las que tocarás serán más decisivas sólo por el hecho de que las habrás tocado tú". En el caso de Iniesta, fruncir el ceño está justificado. Ni Rijkaard, ni Guardiola, ni Vilanova, ni Roura ni Martino han sabido sacarle el rendimiento de las selecciones de Aragonés y Del Bosque. Damnificado por la jerarquía de los egos, a Iniesta le han pedido menos cosas de las que puede dar y más cosas de las que no puede dar y él lo ha asumido con un sentido de la disciplina que, paradójicamente, acabará afectándole al ego. 

Los cambios introducidos, ¿justifican el debate? ¡Y tanto! El precio de la militancia incluye la posibilidad de dudar, preocuparse y discrepar de lo que se ve sin que eso cuestione la solidez de los afectos y la fidelidad a los colores. Los fútbol-fórums de después de los partidos son una parte relevante de la experiencia, aunque eso excite a la bilis de los directivos más sectarios y paranoicos. Si siempre hemos aceptado que la identidad de los equipos la conforman las características de unos jugadores al servicio de una idea de juego (y de club), no debería dolernos admitir que, hoy por hoy -y en las mejores condiciones competitivas-, aún no sabemos qué idea tiene Martino y cuáles son los jugadores idóneos para hacerla brillar. Al analizar lo que vemos, también sería excesivo acusar al entrenador (o al club) de querer cambiar el modelo y no subrayar las circunstancias anómalas y dolorosas de su fichaje. Y sería bueno tener en cuenta que los partidos de competición que hoy estamos disputando -el de Vallecas me pareció un buen partido de Liga jugado fuera de casa- sustituyen a los entrenamientos de una pretemporada que, por circunstancias accidentales y negligencias propias, no pudimos hacer cuando tocaba.

La culpa siempre es del público de Mestalla... por RUBEN URIA


Esquilmado por los que dicen que quieren al club mientras se aprovechan de él, el VCF ha vendido, progresivamente, a sus mejores activos. Endeudado, en números rojos desde hace lustros, el Valencia trata de sobrevivir con una economía de guerra. Compra lo que puede, no lo que necesita. Atrapado en un bucle incesante de guerras intestinas, condicionado por un sistema de Reinos de Taifas y paraíso de la incompetencia, el Valencia es un enfermo que no para de recaer. Diagnóstico, autodestrucción. Tratamiento: exigencia, orgullo y autoestima. Nadie lo aplica y el enfermo, con el paso de los años, está intubado y en fase terminal. Comenzó con una leve tos y ahora tiene angina de pecho. La culpa, dicen, es del público de Mestalla, que es muy exigente.

Villa, Silva, Alba, Mata e incluso Soldado (aquel que pasó del “tranquilos, me quedo, me debo a la afición” a “no creo en el proyecto y el presidente me ha mentido”). Cuando el dinero entra por la puerta, el amor salta por la ventana. El Valencia vende. Caro, si tiene comprador. Barato, si el recibo del banco aprieta. O regalado, cuando se pega un tiro en el pie (Isco). Entre saldos y novedades, el Valencia ha rebajado varios escalones el nivel de su plantilla. De ser alternativa de poder a los dos de siempre, ha pasado a comparsa y clá. De alternativa a los grandes a opositar a la mediocridad. De orgullo de una ciudad a dolor de una Comunidad. A la espera de dos palabras clave: cantera y hambre, la política ha consistido en vender a los buenos para pagar a los malos. Pero eso sí, la culpa es del público de Mestalla, porque dicen que es muy exigente.

Más allá de la depreciación del equipo, el caos institucional. Después de años de despilfarro, donde quienes iban a servir al club se sirvieron de él, el marrón le ha caído a Amadeo Salvo. Hoy, la viabilidad del Valencia está bloqueada. Y el presidente, tras recibir una herencia envenenada, hace honor a su apellido, buscando salvar la entidad. Por ahora, Bankia, Generalitat, VCF y Fundación han acordado una solución transitoria, aplazar los vencimientos de la deuda, hasta una sentencia en firme del Tribunal Superior de Justicia. Si hay aval, Bankia refinanciaría los créditos al Valencia (unos 220 M€) y la Fundación (85M€). Es decir, el club lograría una prórroga. Si no hay aval, si es declarado nulo, Bankia buscará recuperar su dinero y venderá el Valencia. Pero eso sí, la culpa es del público de Mestalla, porque dicen que es muy exigente.

En el país donde quien paga manda, el público ché lidia con la leyenda negra de pitar al banquillo (Cúper, Emery) y de silbar a quienes nunca recriminó (Benítez, Pellegrino), porque en caso de duda, el papel de malo se le arroga al público valencianista y a otra cosa, mariposa. En un club enfermo, deprimido – que recuerda al Atlético antes de la llegada de Simeone-, con una plantilla que aspira a todo en verano y es campeona de nada en diciembre, la culpa siempre es del público de Mestalla. Ese que, según dicen, es muy exigente. Ese que, por lo visto, no tiene quién le escriba, porque desde que este negocio es una industria, lo fácil es tirotear la reputación del que paga, no del que cobra.

El público del Valencia, que no tiene quien le escriba, que hace largas colas para renovar su abono, que apoya cuando los dirigentes no lo merecen y vive en el alambre mientras Bankia puede vender su club, no puede exigir a sus jugadores que se dejen la piel para no arrastrar la imagen del club. En un escenario donde la afición tiene asumido que no puede exigir títulos ni finales, es un pecado pedir, al menos, que los futbolistas se pongan a la altura de la afición. En el país que ha hecho una legislación no escrita de “el público siempre tiene la razón”, la afición del Valencia nunca la tiene. En un club donde la costumbre es echar al entrenador y cambiar todo para que nada cambie, la culpa siempre es del público de Mestalla. Esa afición que, dicen, siempre tiene la culpa, porque es muy exigente.

Posdata: Lo de anoche, ante el Sevilla, era lo que demandaba la afición del Valencia. una hinchada que no pide ganar la Liga, ni la Copa, ni la Champions. La grada ché, que está con Djukic y con su equipo, más allá de ganar o perder, simplemente pedía algo que no era tan difícil: que sus jugadores pusieran pelea, entrega e intensidad. Atributos necesarios, casta. La actitud necesaria para dejar de arrastrar la imagen del club.  No existe, ni en el fútbol ni en la vida, una aspiración más legítima que honrar la camiseta con la cultura del esfuerzo. De eso, amigos, sí que tiene la culpa el público de Mestalla. Es culpable de pedir orgullo.

El estilo no se toca, pero se retoca... por DANAE BORONAT


El Tata Martino debe andar algo asustado hoy. Su equipo lo ha ganado todo hasta el momento, es líder de la liga (empatado con el Atlético) con pleno de victorias, se estrena con goleada en Champions, el nuevo fichaje se adapta a pasos agigantados, el líder del equipo golea y decide partidos, vamos, el inicio que el Martino más optimista hubiera soñado el día que Rosell le llama para coger las riendas del Barça. Sin embargo, en Barcelona se cuestiona si el nuevo técnico está osando variar el modelo futbolístico que convirtió al Barça en la referencia a nivel mundial, no sólo por los títulos que ganó sino por cómo los ganó.

Estos días, andan satisfechos los que valoran la parte resultadista del fútbol y contrariados los que valoran la metodológica. Se abre un debate casi filosófico sobre qué importa más, el qué o el cómo. Un debate sobre si el fin justifica los medios. Si jugar balones en largo hará que Joan Gamper se revuelva en su tumba, si replegarse e intentar sorprender contragolpeando hará que el Barça desaparezca de la lista de embajadores del fútbol de ataque que presiden la Brasil de Pelé, la Holanda de Cruyff y Van Basten, si sentirán vergüenza los miembros del Dream Team o si negarán haber entrenado a este conjunto Van Gaal, Rijkaard, Guardiola o Tito Vilanova. El debate futbolístico está abierto y en sus declaraciones hay jugadores que defienden abiertamente las variantes que ha incorporado el de Rosario, como Messi. De la unidad del vestuario entorno a la idea del Tata dependerá que se acabe pronto la discusión o por el contrario que se alimente y endurezca.

Gerard Piqué aseguraba recientemente que ese Barça de ensueño fue esclavo del fútbol de toque. Podemos entender que se refería a que tenían la pelota mucho más tiempo que el rival y no servía para ganar. Aunque eso pasó en contadas ocasiones: Inter de Milán, Chelsea y Bayern de Munich son los casos más evidentes de la posesión estéril. Una idea que seguramente les ha transmitido Martino y con la que algunos pesados puede que no comulguen: Xavi e Iniesta, por ejemplo. Es una evidencia que ni el de Terrassa ni el de Fuentealbilla están cómodos en este inicio de temporada pero es difícil discernir si se debe al déficit de preparación física que arrastran, a los retoques que ha introducido el Tata, o a ambas cosas. Frente al Ajax -un equipo eminentemente preocupado en lograrla- el Barça perdió parte de la posesión, sólo obtuvo el 56 por ciento y acabó ganando 4 a 0. Y frente al Rayo Vallecano se produjo el paso siguiente que fue perderla. Aunque fuera a ratos. Y acabó ganando 0 a 4. Pero esto no pasaba desde hacía cinco años. Un auténtico sacrilegio para algunos pese al triunfo, un hecho circunstancial para otros.

No ceder nunca el balón a sus rivales había sido una seña de identidad del Barça en las dos últimas décadas porque como dijo Cruyff “si tú tienes el balón el contrario no pueden marcar” y por eso el culé se atemoriza cuando ve que eso no sucede. El nuevo cuerpo técnico jura que no pretende modificar nada de la filosofía Barça, que el estilo no se toca, entonces queda mucho por corregir porque se ha modificado uno de los aspectos que la definían. Si en realidad sí pretenden retocar el estilo para lograr ganar sí están logrando su objetivo. La duda se resolverá con el paso de las jornadas, sólo así sabremos si empieza un Barça totalmente made in Tata o sigue el Barça made in Barça.

Ancelotti varía el rumbo... por ANTONIO ROMERO


Después de un inicio de temporada más brillante en el casillero de puntos que en lo que es el juego en sí, el entrenador italiano no ha tenido ninguna duda en abandonar su ilusionante declaración de intenciones sobre construir un equipo dominador, con gusto por el trato del balón en el medio y en el que la contra era sólo un recurso, pero no el argumento principal para acumular victoria tras victoria al estilo martillo pilón, pero sin excesiva brillantez en el juego.

Han bastado apenas cinco partidos oficiales para que Carletto haya tirado de nacionalidad para explicar que el equipo tiene que jugar de una manera más directa y vertical de lo que él había imaginado en un principio. Teniendo a Cristiano y a Bale en las bandas no hay que ser un iluminado ni un entrenador de primerísimo nivel para llegar a la conclusión de que el contragolpe de este Madrid tiene que ser demoledor, pero reducir el potencial de un equipo con más de 500 millones de euros de presupuesto a las cabalgadas de sus dos grandes estrellas es un ejercicio demasiado simple para el que no hace falta gastarse un pastón en fichar a un prestigioso entrenador.

Es cierto que, históricamente, el Madrid siempre ha sido un equipo mucho más vertical que horizontal; el exigente público del Bernabéu vibra con la demostración de vigor físico y le gusta que sus chicos lleguen muchas veces y muy rápido a las inmediaciones del área rival. Hasta ahí de acuerdo. Pero lo que no me parece de recibo es que casi cualquier equipo que pase por el templo madridista sea capaz de tener más la pelota y de tocar más y mejor el balón en el centro del campo. El Madrid no puede conformarse con esperar agazapado atrás a la espera del fallo del contrario para matar los partidos a través de la contra. Por mucho que esa táctica proporcione muchos triunfos hasta el final de temporada, para este equipo no vale.

El reto de Ancelotti tiene que ser el de mezclar los dos propósitos para hacer de este grupo de fantásticos futbolistas un equipo mucho más temible. El italiano tiene que ser capaz de encontrar soluciones para afrontar partidos en los que el rival, consciente de su inferioridad, va a ceder el balón y se va a pertrechar atrás para no dejar espacios. Que el Madrid de Cristiano (y ahora también de Bale) es el equipo que más y mejor contragolpea del mundo ya lo sabemos todos; el salto de calidad que tiene que aportar Carlo-y que no supo encontrar Mourinho- es que este equipo no permita que cualquier grupo de medio pelo que se presente en el Bernabéu se de el gustazo de tocar la pelota y jugar más y mejor que el Madrid. Y eso no se consigue con tres simples pases...

Adiós, ‘muñeca’... por RAMON BESA

La posesión de la pelota deja de ser indispensable para el juego singular del Barcelona del Tata Martino


El Rayo tuvo más tiempo la pelota que el Barça: 51% por 49%. Aunque el fútbol se explica más a partir de las sensaciones que de los números, hay indicativos que sirven para analizar la evolución del juego. Ninguno como el de la posesión en el Barcelona. A excepción del amistoso de Múnich ante el Bayern de Guardiola, los azulgrana siempre habían tenido más el balón que el rival desde el 7 de mayo de 2008, cuando el decadente equipo de Rijkaard homenajeó al Madrid. Han sido 316 partidos desde aquel 4-1, en los que el Barça ha construido un relato con el culto al cuero, desmesurado de acuerdo a los resultadistas, irrenunciable según los románticos.

A pesar de que las cifras resultan contradictorias en Vallecas, y algunas son favorables al Barça, como las de la Liga y Catalunya Ràdio (56%-44%), la constante en los últimos partidos es que ya no precisa siempre la pelota, ha dejado de ser un equipo desnudo sin el balón, puede tener menos posesión ante contrarios como el Rayo, tercero de Europa el año pasado en el ranking con un 58,13% frente al 63,62 del Bayern y el 69,13 del Barça. Ninguno de los azulgrana considera que haya vulnerado el libro de estilo sino que la mayoría entiende que se adaptan a una necesidad futbolística. Incluso se ofenden cuando se les pregunta si el equipo no se estará desnaturalizando desde que le obsesiona dejar de ser previsible para volver a ser competitivo,

Las opiniones de los jugadores abonan la incertidumbre. Acabado el partido del miércoles ante el Ajax (4-0), Cesc afirmó: “En la primera parte no supimos entender el encuentro”. Una manifestación sorprendente si se atiende a que el juego del Barça se inspiró en el campeón de Holanda. Igualmente reveladora fue la conclusión de Messi: “A veces hay que estar cerraditos e ir a la contra”. Los azulgrana ya no quieren ser protagonistas y llevar la iniciativa sino que han llegado a la conclusión de que se puede ganar más y mejor sin tener siempre el balón.

El fútbol del Barça no se entendía hasta ahora sin la pelota, indispensable incluso en la preparación física. El juego se organizaba a partir del pase y el toque, del control y la pausa, de la asociación y la combinación, de los triángulos o del tercer hombre, del rondo. El efecto del pase multiplicador generaba situaciones de superioridad cuando silbaba el cuero. No había más secreto para conservar la pelota y ordenarse que el juego de posición que se practicaba a diario hasta que se automatizaban los movimientos. La obra cumbre se reflejó en el podio del Balón de Oro de 2010 —Messi, Iniesta y Xavi— y la exhibición de los centrocampistas en el Mundial de clubes de 2011.

Menguó la fiabilidad del Barça, fuerte contra los débiles y débil contra los fuertes, hasta que la esterilidad dio paso al escarnio de abril con el 7-0 global contra el Bayern. Espantados, los azulgrana han dejado de elaborar y reculan ante adversarios que le disputan el balón. Valdés ya no juega con el pie ni se le valora por los mano a mano sino que en Vallecas no solo paró mucho sino que sacó en largo hasta 20 veces, 16 sin tino; los centrales no cambiaron de orientación sino que despejaron; Messi y Neymar seleccionaron sus esfuerzos para ser decisivos; ya no se presionó en bloque sino que se premió más la recuperación y llegada que el juego. No se defiende ni se descansa con el cuero desde hace días sino que se da un pase atrás, reculan las líneas y se mezcla la marca individual con la zonal en la estrategia, debilitada por la falta de altura desde la salida de Touré, Keita y Abidal. El fútbol se concentra sobre todo en las áreas para suerte de los solistas y penaliza a los jugadores de equipo como Xavi, santo y seña del estilo, como lo fue Guardiola. Aunque desde puntos diferentes, el juego siempre partió del centro del campo. Ocurre que los medios son diferentes y hoy no está clara la jerarquía entre Xavi, Iniesta, Cesc y hasta Song.

El riesgo que corre el Barça es que se convierta en un equipo más convencional con la diferencia de tener a Messi. No sería extraño que siguiera el mismo camino del club, que ha perdido singularidad y encanto a cambio de dinero para que el equipo sea más competitivo. Y podría ser también que Martino tratara en el fondo de refrescar al plantel con las rotaciones, aún a riesgo de que se discuta del estilo y fomente la confusión, a fin de que los mejores lleguen en plenitud cuando se jueguen los títulos. Así que ahora se trataría de no descontar puntos, ser pragmáticos y no perder la paciencia, hasta que el Barça vuelva a ser reconocible como Barça y la pelota regrese como la muñeca que siempre fue en el Camp Nou.

“Gareth no estaba tranquilo”... por DIEGO TORRES

Ancelotti califica de “pequeño problema” las molestias musculares que retrasaron el debut del galés en el Bernabéu: “Quizás le pese la falta de pretemporada”


La cita se anunció a lo grande. Gareth Bale, probablemente el fichaje más caro de la historia, debutaba en el Bernabéu, ante una afición anhelante por verle recorrer la banda. Esa zurda, esa velocidad, esa potencia, evocaban en la muchedumbre que llenaba el estadio a futbolistas gloriosos, a hombres con similares características que se pusieron la camiseta blanca. Tipos como Gento, o como Gordillo. Futbolistas que renacían en la figura atlética del pálido galés y agitaban la imaginación de los seguidores. El primero de los soñadores fue Florentino Pérez, el presidente, que por la mañana en la asamblea de socios avisó que Bale era “un jugador destinado a marcar una época”.

Bale salió a calentar sobre las 18.30 de ayer junto con el resto de los titulares. El sol brillaba alto. Hacía un calor de canícula. De pronto, Bale sintió una molestia en el muslo izquierdo. “Ha tenido un pequeño problema”, dijo el entrenador, Carlo Ancelotti. “No podemos decir que ha sido una lesión. Creo que no es gran cosa. Haremos una resonancia para ver qué le pasó. No estaba cómodo, no estaba tranquilo, y he preferido evitar problemas. Él no está contento porque tenía la ilusión de jugar. Pero quizá le pese la falta de pretemporada. Ha esperado mucho su fichaje y esto es duro desde el punto de vista mental”. A la espera de un diagnóstico, Ancelotti mandó a calentar a Isco.

Isco Alarcón había sido designado por el entrenador para ocupar el banquillo y rotar, en compañía de Ramos y Modric, los otros dos titulares el martes en Estambul. Pero la baja repentina de Bale le obligó a salir al campo. No le fue mal. Isco, otro de los predilectos de Florentino Pérez, marcó su cuarto gol en Liga, el quinto de la temporada, en una acción que abundó en los problemas del Getafe a la hora de defender las faltas laterales. El gol de Isco fue irrisorio. La defensa del Getafe retrocedió, le dejó entrar al área, le dio espacios, y el mediapunta definió con frialdad con una rosquita que dejó a Moyà hecho una estatua.

Isco tiene fortuna. Al que le va mal, y no se sabe por qué, es a Benzema, a quien los hinchas más extremistas le pitan. No se trata de que no le perdonan sus errores. Le penalizan por llegar tarde a un balón, por no correr a por un rechace imposible, por no chocar contra las vallas, por no revolcarse por la hierba. El hombre no hace concesiones al populismo y el día que no mete un gol le pasan la factura. A falta de buen fútbol, el caso Benzema entretuvo a la afición. La minoría ruidosa le pitó cada vez que fallaba un gol. Los demás le aplaudieron. Ultras Sur le despreció gritando: “¡Moraaataaa… Moraaataaa…!”. El chico se marcó cabizbajo cuando le sustituyó Morata a 15 minutos del final. Arbeloa y Cristiano aplaudieron al francés pidiendo calor al público y la gente le despidió con un palmoteo de reconocimiento.

Con o sin Bale, Cristiano... por JOSÉ SÁMANO

El portugués protagoniza una vez más la victoria de un Real Madrid que tuvo buenos momentos ante un Getafe inocuo (4-1). El galés, lesionado en el calentamiento


Sin Bale o cualquier otro, Cristiano, siempre Cristiano, ese delantero insaciable al que ahora se le ha colgado una sonrisa. Una vez más, sobre el portugués gravitó el Madrid para despachar con absoluta autoridad al Getafe, equipo pulcro, pero de poca armadura, cuyo gol inicial fue episódico, meramente casual. Disperso de entrada y muy firme y decidido en el segundo tiempo, tras el traspié de Vila-real, el grupo de Ancelotti ventiló el encuentro con solvencia. De paso, dejó varias pistas positivas, como el buen gobierno de Illarramendi, el encomiable empuje de Khedira y Di María, ambos con un depósito infinito, y el asentamiento de chicos como Carvajal y Nacho. Y, como ya es habitual, Isco no fue un secundario: otro buen gol y más de una exquisitez. En general, un buen Madrid, sobre todo en el segundo acto, cuando estuvo más equilibrado.

La hinchada se quedó con las ganas del estreno de Bale en Chamartín, pero pasó una buena tarde con su equipo, que dejó momentos de buen espectáculo. Al galés le faltan muchas horas de rodaje, las que se ha saltado en una pretemporada con la cabeza en otra cosa y las piernas a remojo. El nuevo valor del florentinismo sintió molestias en el calentamiento. Dejó las carrerillas previas y acabó en la grada. Isco, que tenía jornada de descanso, fue su relevo. El público no tuvo tiempo para chafarse, porque sin tregua Cristiano Ronaldo copó todos los planos desde el primer instante. A los tres minutos, Escudero sacó bajo el larguero un remate del portugués y dos después CR dio carrete a Lafita al quedarse protestando una posible falta de Mosquera. El extremo del Getafe se desentendió de la bronca, avanzó sin estorbos a su alrededor y su disparo desde la frontal lo desvió involuntariamente Pepe. Son muchos y muchos los equipos que lamentan goles tan tempranos en Chamartín. No conviene despertar al Madrid tan rápido. Pocas más noticias hubo del conjunto de Luis García, salvo algunas paradas meritorias de Moyà.

A la ventaja visitante respondió el Madrid de forma algo confusa, un poco precipitado, con un fútbol poco geométrico, más bien alborotado y concediendo más disparos de los convenientes a su adversario. Con Di María e Isco centrados, el equipo se enredaba en un embudo y solo encontraba por los costados a los dos laterales: Carvajal, de vocación ofensiva, y Arbeloa, un guardián defensivo que se busca las habichuelas como puede en la izquierda. Hasta que Cristiano hizo un complicado control en el área para procurarse un remate a bocajarro que rechazó Moyà. A un palmo andaba por allí Pepe, que esta vez embocó en la dirección adecuada. El origen de la jugada fue una falta lateral lanzada por Di María y muy mal defendida por el Getafe, con la línea de protección muy adelantada y sin marcas a la vista. No espabiló, y al instante, en una jugada exacta, casi le sorprende Cristiano. Cristiano, cómo no, siempre en todas.

No había escenas sin el delantero portugués, que ya no siempre toma el costado como punto de partida. Ha centrado más su posición. Pero, eso sí, antes y ahora al gol llega con la misma voracidad, con su extraordinaria eficacia. Con el Getafe arrugado ante la crecida local, Alexis le soltó un codazo a Pepe que debió suponerle la expulsión. Se quedó en amarilla y falta para el Madrid. Al zurriagazo de Cristiano también respondió Míchel, incrustado en la barrera, con el codo. En esta ocasión, no para dar un mamporro sino para evitar un balonazo en la cara. Penalti, sin remedio para Moyà ante Cristiano.

Remontado el marcador, a la gente le dio por silbar los oídos a Benzema, al que no le pasan una ni tras su gran partido en Estambul. Cuestión química, cuestión histórica. El madridismo no perdona la molicie, hay que remangarse hasta en situaciones imposibles, en esas jugadas que no tienen vuelta de hoja por mucho que uno se deje la crisma. Por suerte para el francés, sus compañeros le arroparon con ánimos elocuentes y peticiones a la grada para que les secundaran. Parece que en la caseta haya otro clima, menos cicutas. Hasta Cristiano está risueño, como se vio en el túnel de vestuarios antes de salir a la contienda, con palmadas al pecho para todos, incluidos algunos operarios del club. Cristiano está en su salsa, dentro y fuera del campo.

Sobre el césped su frecuencia de éxito resulta increíble. Está ya en los 208 goles, como Hugo Sánchez pero con 78 partidos menos que el fabuloso mexicano. Los mete y los entrega, como el que dio con picardía a Isco, en otra ingenuidad del Getafe, con sus muchachos como estalactitas mientras el luso sacaba una falta, como si estas tuvieran que llevar previo aviso. Isco entró al área, amagó y clavó la pelota en la red. Un gol estupendo, propio de lo que empieza a destilar el malagueño: un segundo delantero, un futbolista delicado en el toque e imaginativo, pero capaz de explotar ambas vetas donde la mayoría se queda en tinieblas, cerca, muy cerca del área. Isco, bien auxiliado por todos, animó el partido y llegaron los mejores momentos del Madrid, de un Madrid que cerró el choque con seis canteranos alistados (Diego López, Carvajal, Nacho, Arbeloa, Jesé y Morata) y un gol de pasarela de Cristiano, una espuela prodigiosa tras una asistencia de Khedira. Cristiano, de principio a fin. Con o sin Bale.

Florentino Pérez proclama la República Independiente Real Madrid... por José Félix Díaz

MUESTRA UN CLUB AUTOSUFICIENTE


El Real Madrid y su mundo. Al menos eso es lo que pretende y quiere Florentino Pérez, respaldado por sus socios compromisarios. El presidente de la entidad madridista se dio ayer un baño de masas al ser respaldado por los representantes del club blanco en una Asamblea hecha a su imagen y semejanza. Poca oposición, no más de docenas en las votaciones realizadas, y tres oradores que cuestionaron las cuentas y decisiones del actual presidente. El resto, hasta 1.068, respaldaron lo presentado por el máximo mandatario del Real Madrid. Eso sí, a mano alzada. Un tema recurrente, el del papel de la prensa con relación al club.

Florentino Pérez, tras un vídeo en el que quiso parar la polémica Iker Casillas-Diego López, dejó patente, tanto en su discurso como en las interpelaciones hechas a los diferentes socios, que busca la independencia, una república en la que nada ni nadie pueda contestar ni poner en duda el modelo del Real Madrid. Se mostró crítico con la prensa, pero sobre todo hizo especial hincapié en esa independencia que el club blanco dice tener respecto al resto. Eso sí, lo argumentó en unos números que señalan una salud que garantizan la viabilidad del proyecto durante los próximos años.

"A algunos no les gusta nuestra independencia y que los socios sean los dueños del club. Estos resultados que el Real Madrid ha presentado son los que nos dan independencia. No tenemos que pedir cuentas a nadie. Somos dueños de nuestro destino. Lo que ganamos se lo queda el club y lo que perdemos lo ponemos nosotros. No hemos pedido ningún crédito para fichar a Bale", afirmó dejando patente ese grado de suficiencia en el que transcurrió la Asamblea.

Dentro del clima en el que se desarrolló la cita con los socios, el presidente siguió con ese discurso que proclama que nadie va poder con la entidad madridista. "Formé parte del partido de Adolfo Suárez y aporté para alcanzar la democracia. No me van a dar clases de ética. Acepto lo que se me diga, pero en este Real Madrid no hay ningún problema". Hasta en cinco ocasiones negó la posibilidad de que el club se convierta en Sociedad Anónima Deportiva.

Ramón Calderón volvió a ser protagonista de una Asamblea cinco años después de haber dejado la presidencia. Su expediente disciplinario sigue en pie. "Cuando me fui pensaba que mi época había terminado, pero no fue así. Veremos qué pasa con el expediente a Ramón Calderón. Nadie nos va a decir lo que tenemos que hacer".

Los medios de comunicación volvieron a ocupar protagonismo, tal y como ha sucedido en las reuniones previas a la Asamblea. Se escucharon críticas, así como censura a la presencia de los periodistas en el interior del recinto ferial. Florentino Pérez insistió a esa corriente crítica contra la prensa, la independencia del club. "Hay gente con micrófono o pluma que creen que pueden influir. Van en mi contra porque quieren colocar a alguien de su interés".

A Valdés no hay quien le convenza para seguir en el Barcelona sin Vilanova... por Carlos M. Sánchez

EL META TIENE CLARO QUE NO SEGUIRÁ


Cuenta que Sandro Rosell montó en cólera cuando supo de la decisión de Víctor Valdés de no renovar su contrato con el Barcelona. “Pues no jugará más con nosotros. Lo venderemos”, replicó airado el presidente, dolido por el rechazo del portero y capitán del equipo. A Rosell se le resistía uno de los pesos pesados del vestuario en su objetivo de renovar a la ‘columna vertebral’ del mejor Barça como legado de su mandato. Y no lo iba a permitir.

Más calmado y aconsejado por Zubizarreta, puso el asunto Valdés en manos de Tito Vilanova. La ascendencia del técnico sobre el portero era la baza a jugar para intentar que Víctor diera marcha atrás y firmara la ampliación de contrato. La precipitación de los acontecimientos y la salida de Tito del equipo, dejó la renovación de Valdés en su segundo plano. Un contratiempo, toda vez que el objetivo de Rosell era darle a elegir entre el contrato o la puerta de la calle. De hecho, pidió a ‘Zubi’ que buscara alterativas.

Siguiendo el mandato del presidente, el director deportivo sondeó a varios porteros, entre ellos el guardameta del Getafe Moyà, con quien mantuvieron conversaciones para incorporarle en el caso de que Valdés se marchara. Sin embargo, Víctor dejó claro tanto a la directiva como a la dirección deportiva que cumpliría sí o sí su año de contrato –acaba el 30 de junio de 2014- y después se marcharía. Un órdago que no gustó al presidente, pero que tuvo que aceptarlo en vista de que ni Tito estaba ni Zubizarreta daba con el relevo ideal. La duda era ver cómo afrontaría Valdés su último año sabiendo que ni iba a seguir, ni en el club estaban felices con su decisión

La llegada de Gerardo Martino, sin embargo, supuso un refuerzo para Valdés. El argentino le dejó claro que más allá de lo que quiera hacer con su carrera, era su portero para esta temporada. Le necesitaba. La respuesta de Víctor, o ‘Doble’ como le llaman todos en el vestuario, no ha podido ser mejor. Lejos del ruido de los despachos, el meta está cuajando la mejor temporada de los últimos años. Decisivo en todo cuanto hace, su profesionalidad y honestidad está cerrando más de una boca en Can Barça.

El futuro de la portería

No sólo eso, el excelso momento de forma de Valdés –su último recital en Vallecas lo corrobora- ha puesto en un nuevo aprieto a Sandro Rosell. Los aficionados no tienen dudas de que el presidente debería hacer lo imposible por convencer a Valdés de que en ningún sitio como en el Barcelona. A sabiendas del sentir general, Rosell lanzó recientemente un mensaje populista, pero que nada tiene que ver con la realidad: “Volveré sobre el asunto, pero dejaremos pasar un poco el año”. Por más tiempo que quiera ganar ya sabe la respuesta: no.

Las palabras de Zubizarreta, en este sentido, son reveladoras: “Jugará la temporada de su vida, disfrutaremos los que nos queda de él”. No parece haber otra, más cuando Valdés ha insistido en lo mismo de una manera indirecta: “Quiero despedirme del Barcelona ganando esta Champions”. No hay más. Lo único que de verdad puede hacer ahora mismo el Barça es aprovecharse de todo lo bueno que les está dando Valdés y trabajar en el futuro. Sobre la mesa hay nombres tan interesantes como el del ahora portero del Atlético de Madrid Thibaut Courtois. Pero esa será otra guerra.

Carlos M. Sánchez - elconfidencial.com

Compartir

Twitter Delicious Facebook Digg Stumbleupon Favorites More