sábado, 5 de mayo de 2012

El equipo del próximo curso... por MARTÍ PERARNAU


Resuelta la Liga se abre el 'mercato', ese período de tiempo donde todo es posible, entre otras cosas intentar descuartizar a un equipo que fue capaz de vencer a todos sus adversarios, incluso al azar, quizás el más peligroso. Aventurarse a vaticinar lo que ocurrirá en la composición del nuevo vestuario blaugrana es un territorio arriesgado por los muchos errores que uno puede cometer. Lo más probable es que se imponga el equilibrio, en contra de tantos pronósticos como se están lanzando. Equilibrio entre la continuidad de la columna vertebral que ha acumulado innumerables triunfos y la renovación que parece necesitar una página nueva del mismo libro.

Este equilibrio en las decisiones, que sería mi pronóstico y también una postura coherente con el modo de actuar de gente como Zubizarreta o Vilanova, se compadece mal con ese listado inmenso de bajas que se maneja en tinta, papel y micrófonos y del que apenas se salvan Messi, Iniesta y Valdés, probablemente porque eso ya sonaría esperpéntico. Del resto, no se salva ni el apuntador, en tanto parecen candidatos a vestirse de blaugrana futbolistas de todos los pelajes, la mayoría magníficos pero muy alejados de los parámetros del juego posicional que interpreta el Barça, lo que parece un contrasentido más que llamativo.

Lejos de mi la intención de desilusionar a nadie a quien le guste coleccionar cromos. Sin duda alguna habrá caras nuevas el próximo mes de agosto y diría más: sería razonable que Tito Vilanova quisiera empezar su proyecto con algún rostro significativo que marcarse su liderazgo en el vestuario. Pero parecen circunstancias bien distintas a las que encontró Guardiola en 2008. Hoy no hay un vestuario adormilado, ni elementos tóxicos que contagian al colectivo. No hay unos líderes perjudiciales a quienes cortar la cabeza para empezar de nuevo. Algunas de las transiciones del futuro se iniciaron ya hace meses, con el propio Pep encabezándolas. Continuarán el próximo curso, con la naturalidad de los relevos cronológicos.

¿Descarto, por tanto, la salida de alguna vaca sagrada? No, pero digo que si se produce no contendrá las dosis de trascendencia, incluso dramatismo, de cuando Ronaldinho, Deco y Eto'o. ¿Descarto la llegada de algún futbolista extraordinario? No, en absoluto. Sería muy lógico que así ocurriese: para marcar el sello de Tito y para reforzar puntos débiles. Probablemente lo veremos y sea alguien que quizás no esperamos. Pero mi resumen general es que la remodelación será equilibrada y sensata, en línea con la personalidad de entrenador y director deportivo, sin estridencias ni revuelos insensatos, fruto de una planificación enteramente diseñada hace ya muchos meses, símbolo de un modo muy específico de trabajar.

Adiós, Guardiola: la historia del artesano del mejor equipo de la historia... por LOANA VIERA

Hoy jugará el último partido de su primer ciclo como entrenador culé en el Camp Nou, la casa del Barcelona. Será el final de una época, de una historia en la que llevó la idea del fútbol colectivo a su máxima expresión. Un repaso de sus mejores momentos:


Luego de diez exitosos años como jugador del Barcelona en los cuales integró el Dream Team de Johan Cruyff, Josep Guardiola abandonó su casa lejos del resplandor de las grandes luces en un partido perdido con el Celta de Vigo en la Copa del Rey de 2001.

Tras deambular durante cuatro años en equipos como Brescia, Roma, Dorados de Sinaloa y Al Ahli, tomó la decisión de abandonar el fútbol como jugador y descansar de un mundo en el que había tenido incontables éxitos pero también duros golpes, como el de noviembre de 2001, cuando dio positivo en un control antidoping: “Gracias por estar aquí, soy Pep Guardiola Sala. Soy jugador de fútbol. Una máquina dice que yo he tomado nandrolona. Al lado de esta máquina hay una persona que dice que no ha tomado nandrolona”.

Su carrera estaba en vigencia, pero fue un obstáculo demasiado alto que maduró su decisión de pensar en otras cosas. Recibió una condena de cuatro meses de prohibición de jugar profesionalmente, 2000 euros y siete meses de cárcel, hecho este último que no debió cumplir. Tras ello volvió a pisar los campos de juego pero con el objetivo de demostrar su inocencia. Le tomó siete años pero lo hizo, porque en 2007 el mismo juez de Brescia que lo había declarado culpable lo absolvió en la causa.

Su físico, además, ya no le permitía estar disponible las veces que se lo necesitaba y entonces dedicó sus últimos años de futbolista a preparar su cabeza para ser entrenador.

En su obsesión por adquirir conocimientos mientras realizaba el curso en Madrid, Guardiola viajó a la Argentina en 2005 para charlar con técnicos por los que se sentía representado, entre los cuales estuvieron Marcelo Bielsa y César Luis Menotti. Sobre su encuentro con “Pep”, el ex campeón del mundo con la Selección en 1978 comentó: “Conversamos de fútbol y yo veía en él una idea. Me emocionaba ver a un tipo joven planteándose un desafío de hacer un fútbol que parta de lo conceptual. Se lo dije yo en un momento: sos el técnico ideal. Vas a ser entrenador del Barcelona”.

De regreso a España, Guardiola confirmó oficialmente su retiro como jugador en noviembre de 2006, y siete meses después, en junio de 2007, fue contratado como entrenador del Barcelona B, equipo con el cual logró el ascenso a la Segunda B.

Por esos tiempos, el Barcelona había perdido el rumbo en la Liga tanto como en el plano internacional. Las tapas eran del Real Madrid bicampeón a nivel local y ganador de la Supercopa de Europa. El cilo del holandés Frank Rikjaard tenía destino sellado y era ya tiempo de un cambio: el tiempo de Pep había llegado. Se convirtió en entrenador del equipo culé en mayo de 2008 y, a partir de allí, lo conocido.

El triplete histórico en su primer año (Liga, Champions y Copa del Rey), algo que ningún equipo en la historia del fútbol español había podido conseguir y, como recuerdos imborrables de aquella primera temporada, el legendario 6-2 en casa del Real Madrid.

El año siguiente concretó incluso lo impensado, porque se alzó con la Supercopa de España, la Supercopa de Europa y el Mundial de Clubes, la única corona que el club nunca había podido ganar. A esos títulos le agregó luego otra Supercopa de España, una Champions League y dos Ligas de España. La vitrina, en tanto, guarda incluso un lugar más, porque el Barcelona de Guardiola disputará el próximo 25 de mayo la final de la Copa del Rey ante el Athletic Bilbao de Marcelo Bielsa.

Su filosofía era una sola, sumamente difícil de aplicar, pero una sola: un equipo que hiciera culto de la posesión de la pelota y que llegara al arco rival como resultado del juego colectivo: “Si tenemos el balón, podemos hacer lo que queremos”, era la ideología que marcó su paso por Barcelona. Y, dentro de este esquema, había un pilar: la promoción de juveniles de La Masía, la escuelita de fútbol del club catalán.

Jugadores como Lionel Messi, Pedro Rodríguez o Sergio Busquets son sólo algunos de los que allí se formaron y luego se consagraron en primera de la mano de “Pep”. El caso de “La Pulga” es simbólico: con él como entrenador el argentino fue elegido durante tres años consecutivos como el mejor jugador del mundo y logró, entre decenas de récords, convertirse en el máximo goleador en la historia del Barcelona y es actualmente el máximo anotador histórico en una sola temporada, con 68 goles y tres partidos por disputar.

La temporada 2011/12 le puso fin al ciclo de Guardiola. Sin Liga y eliminado de la Champions League en semifinales, el entrenador anunció la conclusión de su primera estadía en Barcelona. Los impactantes números y estadísticas de sus más de tres años al frente del equipo quedarán registrados en los libros y serán por muchísimos años material de consulta. Pero lo más importante es lo que el entrenador dejó registrado en la memoria colectiva de todo el planeta: un fútbol de una calidad estética nunca antes vista con el que transformó al Barcelona de los últimos tiempos en el mejor equipo de la historia.

Lo que gastó el Real Madrid para recuperar la Liga... por Ángeles Lucas

Los goles son los que le hicieron ganar, pero detrás de ellos hay miles de millones de euros de inversión.


Luego de cuatro años sin alzarse con un título de la Liga española, el Real Madrid se ha desquitado tras ganarle este miércoles 3 a 0 al Athletic Club de Bilbao. Los 11 de la formación blanca pudieron complacer a los hinchas y al club, que ha invertido en los últimos diez años más de unos US$ 1.300 millones en el equipo. El grueso de ellos en fichajes de jugadores.

"Los aficionados lo queremos todo. Y para un equipo de fútbol lo importante es ganar títulos, eso es lo que nos interesa, ganar por encima de todo", dice convencido Gerardo A. Tocino, presidente de la peña madridista La gran familia.

"A mí me parece una excelente inversión todo lo que se ha hecho en los últimos años en el Real Madrid, el socio lo que quiere son los títulos", repite.

"Si nos centramos en las tres últimas temporadas, el Real Madrid ha realizado una inversión neta de 305 millones de euros (US$401 millones). Por comparar, el Barça en el mismo periodo gastó unos US$240 millones", señala el experto en empresas José María Huch, escritor del libro Barça-Real Madrid, compitiendo por liderar el negocio del fútbol.

"En este tiempo, el Real Madrid ha conseguido dos títulos, contando con el de este miércoles y el Barça 13, así que el ratio de inversión por título ganado es claramente favorable al Barça", indica.

Entre los hitos más destacados de estas temporadas en desembolsos del Real Madrid estuvieron el histórico fichaje de Cristiano Ronaldo como el más caro del mundo por cerca de US$131 millones, el del brasileño Kaká por US$85 millones y el de Benzemá por US$46 millones.

Además de contratar al que era conocido como el mejor entrenador, José Mourinho.

"Esos han sido los fichajes estrella, los más caros. Pero hay otros que han sido más baratos y han dado mejores resultados como Albiol, Özil, o Di María. De todas formas, respetamos las decisiones del club, porque los están ahí dentro nunca van a hacer nada perjudicial para el equipo", estima Tocino.

Modelo de ultrainversión

"El Madrid lo compra todo para ganar una liga", destaca el profesor de Economía Financiera de la Universidad de Barcelona Josep María Gay.

"El problema es el modelo de ultrafichaje, de ultrainversión, que no da el rendimiento adecuado", comenta en declaraciones a BBC Mundo.

Gay llega a la conclusión de que el fichaje más caro parece que en un principio va a tener más rendimiento.

"Pero no implica que siempre sea así. El ejemplo lo vemos con el Bayern de Múnich, que con una inversión de US$111 millones doblegó al Real Madrid en la Champions", dice el profesor en referencia a la derrota que sufrió el equipo español en los penaltis el pasado 25 de abril y que le dejó fuera de la competición.

El profesor de Economía dilucida que el Real Madrid, por cada 100 euros (US$131) que ingresa, gasta el 64,3% en remunerar salarios.

"Desde el punto de vista de la exuberante inversión, el rendimiento no ha sido el esperado. Es el que más invierte en Europa para ganar la Champions y no la gana desde 2002. Hay niños con 10 años que nunca han visto ganar al Real Madrid la Champions, mientras el Barça ha ganado tres veces en ese período. Eso es un punto débil para ellos", estima Josep María Gay.
Lo que sí queda cada vez más claro para Huch es que los clubes con mayor inversión son los que generalmente se llevan los títulos.

"Es una tendencia que cada vez se va acusando más, los siete u ocho equipos que tienen más rentabilidad son los que están en las finales", analiza en su libro.

Rentabilidad del equipo

Más allá de ganar trofeos, el Real Madrid es el equipo que suma más puntos y más goles en La Liga española. Y ahí no acaban sus récords de temporada. El fútbol se mueve bajo la premisa de que la rentabilidad económica no existe y que los galardones son lo que cuenta. Pero hay otros récords que ostenta el club que no aparecen en los marcadores.

El Real Madrid es el número uno de ingresos de Europa, con unos US$629 millones.

Según los cálculos de Gay, de cada 100 euros que se gastan entre los 20 clubes de la que algunos denominan liga de las estrellas, 25 euros los gasta el Real Madrid.

"En la última temporada, el club ingresó 630 millones de dólares, de los cuales, 193 eran de aportación de socios y abonados, 205 de derechos de televisión; 190 por marketing y patrocinio; 35 en taquillaje, y el resto en el Museo del Bernabéu, visitas... Lo que suma beneficios a la inversión", concluye Gay.

José María Huch resume: "Aunque los resultados del Real Madrid a nivel deportivo no han sido destacables por el nivel de inversión realizado, es muy importante la mejora que ha tenido en términos de beneficios, ya que en su última temporada, su resultado de explotación antes de amortizaciones, impuestos e intereses alcanzó los 194 millones de dólares, un nivel de beneficios que no tiene actualmente ningún otro club europeo y que le da una potencia de fichajes de unos 130 millones de dólares al año, sin necesidad de tener que endeudarse", estima Huch.

Además valora el bien que hacen figuras como la de Cristiano Ronaldo para el equipo.

"A lo mejor no está metiendo los goles que se esperaban, pero aporta presencia mediática, reconocimiento de marca. Es importante tener a jugadores de referencia para que estén ahí en caso de que las cosas deportivamente no se consigan. Apuestas como la de Cristiano Ronaldo apenas hay tres o cuatro en el mundo", concluye Huch.

¿El fin de una era?... por CARLOS BIANCHI

Lo que suceda en el Barcelona post-Guardiola depende en gran parte de los jugadores


La despedida de Josep Guardiola de la dirección técnica del Barcelona prácticamente nos pone ante el ejercicio de pensar qué pasará en el club catalán de acá en más: cuánto habrá de continuidad y cuánto de cambio para un equipo que ganó prácticamente todo durante tres años seguidos.

La primera sensación que uno tiene es que estamos ante el fin de una era: sostener la cantidad y el nivel de éxitos conseguidos en tan poco tiempo suena utópico. De alguna manera, y como una cruel casualidad, a pocos días de anunciar su adiós, Guardiola vio cómo el archirrival de su equipo, el Real Madrid, se consagraba en la Liga, poniéndole fin a tres temporadas de hegemonía blaugrana.

Por otra parte, hay varios jugadores que ver acercarse el final de su carrera. Xavi y Puyol, por nombrar a dos de los estandartes del equipo, ya pasaron los 30 años, con lo cual es difícil imaginarlos al frente durante muchos años más.

Tampoco ha habido un recambio tan marcado: ninguno de los jugadores de la nueva generación ha sabido ganarse un lugar firme en el equipo. Los Thiago, Tello o Cuenca todavía son grandes proyectos, pero lo cierto es que tienen un largo camino por recorrer para desplazar a los Iniesta, Busquets o Messi, todos ellos ya bien entrados en su tercera década de vida.

Pero tampoco hay que pensar que el futuro es negro. Todo lo contrario: gran parte de lo que venga de aquí en más dependerá de los jugadores. Y esto no es por quitarle estatura a la figura de Tito Vilanova, quien si bien no tiene el perfil de Guardiola, puede adquirirlo con el correr de los años, pero además, conoce a la perfección a La Masía, al club y a quienes cumplen distintos roles en él.

Cuando digo que los que tienen el futuro en sus manos son los jugadores, me refiero a algo que dije en muchas ocasiones cuando trabajaba como técnico: nuestro aporte a los resultados deportivos es importante, pero siempre mucho menos relevante que la de los verdaderos protagonistas, que son quienes entran al campo de juego.

Tanto cuando estuve en Vélez como en mis dos períodos en Boca, tuve la suerte de encontrar grupos extraordinarios. Uno debe convencer a esos grupos de que jugar cómo uno propone puede darles resultados, pero si creen ese discurso y aceptan las herramientas que uno les da, luego son ellos quienes se convierten en artífices de su propio futuro.

Ante este cruce de caminos están los jugadores del Barcelona, y si son inteligentes, tienen todo para seguir sumando éxitos. A Guardiola le tienen todo el respeto, cariño y reconocimiento de una época que ya terminó, pero sabiendo que el método de trabajo y el sistema seguirán siendo los mismos, si ellos siguen convencidos, seguirán rindiéndole homenaje de la mejor manera: jugando igual y consiguiendo los mismos resultados.

CAMBIAR PARA QUE NADA CAMBIE

En el fondo, el discurso de Vilanova y de todos los que lo rodean seguirá siendo el mismo. Se privilegiará el buen trato de la pelota, el control abrumador de la posesión y la presión para ahogar al rival en las ocasiones en las que se haga del balón.

Tampoco es algo nuevo para el Barcelona, que lleva años aplicando y creyendo en el mismo sistema. Desde las épocas de Cruyff, pasando por Van Gaal y llegando incluso a Rijkaard, el antecesor de Guardiola, la influencia del fútbol holandés lleva décadas dejando su marca en el club.

En todo caso, creo que es muy probable que Vilanova refuerce los argumentos que más éxito le dieron a Guardiola en su momento, y a la vez pienso que de las respuestas que tenga para los pequeños problemas que tenía Pep uno podrá ver más claramente hacia dónde va el nuevo Barcelona.

Veo una defensa de cuatro hombres atrás, con laterales que marcan y se proyectan desde el fondo. Pero a la vez me pregunto si seguirá probando con Mascherano de central, en un puesto que no le es natural, por más que haya tenido grandes actuaciones.

También me pregunto qué hará con David Villa una vez que esté recuperado. ¿Será el referente de área que le viene faltando o lo hará jugar de afuera hacia adentro?

Y la gran pregunta que nadie se hace: ¿y si un día no puede contar con Messi? El mejor jugador del planeta está siempre presente y por los 90 minutos. Es difícil imaginarse al Barcelona sin él, pero sería demasiado arriesgado para Vilanova no pensar opciones.

Eso nos lleva al tema de los refuerzos: pensar en un enganche es una posibilidad, sobre todo si uno analiza que Messi, en la posición en la que viene jugando los últimos años, hace las veces de. También está por verse si Barcelona saldrá al mercado a buscar lo que hoy le falta, como ese hombre claro de punta, atacantes zurdos o laterales. En este último caso, que se hable de Jordi Alba, del Valencia, ya es una señal.

En definitiva, y antes aún que las elecciones tácticas, los refuerzos o falta de ellos, y también las partidas (ya se habla de Dani Alves) van a mostrar cuánto de cambio y cuánto de continuidad tendrá el Barcelona de Tito Vilanova.

Enfrente tendrá, una vez más, a un Real Madrid sediento de más títulos y que seguramente hará lo que mejor sabe hacer: reforzarse en el mercado. No nos engañemos: la Liga será, otro año más, un asunto entre ellos dos. Y a la vez, los dos irán por todo en Europa, donde este año se quedaron con las ganas.

LA HERENCIA DE PEP

Más allá de haber vuelto a poner a la pelota en el centro de la escena, Guardiola deja varias grandes decisiones como legado.

Por un lado, no tuvo miedo a la hora de deshacerse de grandes jugadores que no terminaban de acoplarse a su sistema. Sobre todo con jugadores ofensivos de alto perfil, que siguieron su ruta hacia otros destinos sin que el Barcelona los extrañara, como pasó con Ronaldinho, Henry, Eto'o e Ibrahimovic.

También le encontró el mejor lugar a un chico que arrancaba como puntero derecho. Lo puso más retrasado para arrancar más lejos del arco, con más espacio y visión. No se puede decir que Guardiola convirtió a Messi en lo que hoy es, pero claramente ayudó a que explotara al máximo ese enorme talento que hoy nos deslumbra.

También instaló a jugadores hoy imprescindibles que no lo eran tanto, sobre todo en el mediocampo, como Busquets e Iniesta. E hizo que otros que antes pasaban por rústicos, como Puyol, mostraran toda su ductilidad y clase para cumplir distintos roles.

Cuando Guardiola dice que va a descansar, yo lo comprendo. Hace poco vi una foto de él hace cuatro años, cuando recién se hacía cargo, y hoy lo veo cansado por la presión acumulada con la que tuvo que lidiar.

Yo viví cinco años en Boca con esa máxima exigencia, sin términos medios. Y llega un momento en el que ningún éxito alcanza, ya que si uno gana se le pide que golee, y si es campeón se le pide que juegue mejor.

Guardiola vivió eso en carne propia, con lo cual no es extraño que se tome un año sabático. Habrá que ver, cuando decida volver, si encuentra un medio tan favorable como el que tuvo en Barcelona, con apoyo completo de los dirigentes y un público que le fue fiel.

El mal ganar de Mourinho... por CARLES TORRAS


De la misma forma que un gobierno tiene cien días de margen de tolerancia para poder cargarse el Estado del bienestar sin apenas oposición, debería acotarse el tiempo de cortesía con el campeón de Liga para saber cuándo se le puede empezar a criticar. Aunque en vistas a la poca elegancia del coro mediático blanco, consideremos unilateralmente que estamos ya fuera de cuarentena.

No me refiero a casos extremos como el del tal Julián Ruiz, bloguero del Mundo, que se presenta a sí mismo como “el apunte más apasionado, visceral y provocador”. Que un periodista se presente como “provocador” es la forma más directa de eliminar cualquier atisbo de solidez a sus argumentos, puesto que ya sabemos de antemano que sólo buscan el impacto fácil. ¿Qué valor tiene entonces que diga que Guardiola es un “paleto nacionalista” que ha preferido “su provincianismo de barrio a la internacionalidad del Barcelona”, por tener tanto canterano?. ¿Se sienten ustedes provocados? Hasta el hooligan madridista Pedro J., su jefe, lo ha desautorizado. Calculen.

Cuando hablaba de poca elegancia me estaba refiriendo a José Mourinho, que no ha dejado pasar la ocasión de, haciendo honor a su condición de canalla de extrarradio, intentar hacer leña del árbol caído. “Unos iluminados piensan que solo existe un fútbol”, ha proclamado con satisfacción a un medio portugués.

A espíritu tan rudimentario habrá que explicarle que no existe un solo fútbol como tampoco existe una sola música. Y habrá que argumentarle que incluso es posible que hoy, en el mundo, se escuche más el “Si eu ti pego” que, por poner un caso, la Nocturna número dos en Mi bemol de Chopin. Pero no veo yo a Michel Teló proclamándolo en el twitter y certificando su supremacía eterna sobre el compositor francés.

Lo que está bien claro es que ni los fastos ligueros han conseguido borrar del ánimo de Mourinho la profunda herida por saberse un simple artesano del fútbol enfrentado por caprichos del destino con un artista inmortal como Pep Guardiola. Mourinho ha tomado la bandera de la Liga, del séptimo trofeo de su cuenta personal -la única que le interesa- para gritar al mundo que Pep no es infalible, y que él es capaz de ganarlo. El de Setúbal, por una vez, por encima del genio idolatrado a nivel global.

Ahora el portugués vive sus horas de clímax máximo porque se cree la causa de la retirada de Pep. Pero lo que no se habrá parado a pensar es qué pasará si Tito consigue ganarle la temporada que viene. ¿Podrá soportarlo Mou? ¿Se dará cuenta entonces de que no competía contra un hombre, sino contra una forma de entender el fútbol? Porque de fútbol no sólo hay uno, pero el modelo Barça sí es único. Y mucho tendrá que trabajar todavía Mou para igualarlo y batirlo.

Vida sin Guardiola, desafío para Vilanova... por RUBEN URIA


Pep Guardiola, el entrenador del mejor Barça de todos los tiempos, se marcha. Su adiós agita y convulsiona el futuro de una entidad que afronta la encrucijada más importante del último lustro: saber administrar, con coherencia y sin reservas, el legado de la figura que le ha llevado a la admiración del planeta y a la conquista de 13 títulos de 17 posibles. No faltaron voces críticas que miraron por encima del hombro a Guardiola, entonces un novato sin experiencia, cuanto el noi de Santpedor dio el triple salto mortal de dirigir al primer equipo. Pep lo consiguió a base de confiar en un modelo, de tener paciencia en un estilo de juego y de estar enamorado de la empresa que le empleó para liderar al club. Tuvo la suficiente fuerza para gestionar la herencia de Frank Rijkaard, para sublimar la fórmula de Cruyff y para entroncarla con las esencias de la cantera, recogiendo la siembra del inagotable talento del semillero de promociones La Masia.

El Barça afronta la vida sin Pep. El club, su entorno mediático y sus aficionados se enfrentan a un desafío crucial: dar continuidad a la obra bien hecha que ha convertido al Barça en la referencia del fútbol mundial o, por el contrario, ceder a la tentación de derribar lo edificado, asomándose al viejo vicio de abrazar el victimismo de épocas pretéritas. Sandro Rosell y su directiva han dado una lección de coherencia al responder a la marcha de Guardiola con el ascenso de Vilanova: Pep se va, pero sus ideas, su visión y su método de trabajo permanecen con Tito. Una apuesta por la estabilidad del proyecto, desdeñando cualquier volantazo. Vilanova irrumpe en el primer plano de los focos como sucesor, pero no es ningún ilustre desconocido para el engranaje del club: es un elemento familiar para los futbolistas, conoce a la directiva y tiene información, de primera mano, para accionar los resortes que regresen al equipo a su mejor versión.

La conducción del vestuario será la primera asignatura para Tito en el posguardiolismo. El inquietante futuro de Dani Alves, el mar de fondo que envuelve a Piqué y la posible salida de Keita serán los primeros asuntos embarazosos con los que tendrá que lidiar Vilanova. A eso habrá que añadir la política de fichajes, con una larga lista de futuribles donde tendrá que poner el ojo y también la intención. Otro reto será gestionar el vacío de liderazgo que, tarde o temprano por cuestiones de edad, acabarán dejando Xavi y Puyol, dos instituciones vivientes del barcelonismo. Por último, Tito tendrá que rediseñar un nuevo ecosistema para que Messi se reencuentre con su mejor versión, la que pone a este equipo en otra dimensión. Guardiola fue recogepelotas, jugador, capitán, emblema, entrenador y también portavoz. Su proyección, gigantesca, como las comparaciones, tan odiosas como inevitables, estarán presente en cada movimiento de Vilanova. Su reto será liderar a un Barça que descubrirá la vida sin Pep.

Última noche con Guardiola... por LUIS MARTÍN

El Camp Nou despide al entrenador más laureado de la historia del Barça con un homenaje en el derbi


El Camp Nou vivirá hoy una noche especial, de esas que no se olvidan. Por última vez, Pep Guardiola ocupará el banquillo local como entrenador, así que la visita del Espanyol, antes que a derbi, sabe esta vez a despedida. El club ha obrado en consecuencia y se preparan mosaicos y un mural para que los aficionados le escriban lo que quieran. “Solo espero que la gente vaya al campo a ver un partido de fútbol contra el Espanyol y que actúen con naturalidad, con espontaneidad”, dijo ayer Guardiola. “Es mi último partido en este estadio después de cuatro años en el banquillo, pero eso es secundario. Que la gente reaccione como quiera. No he venido aquí para entrar en la historia, solo he tratado de hacer la mía propia y vivir mi profesión al máximo”.

No es la primera vez que Guardiola dice adiós al Camp Nou con la sensación de que nunca volvería. El 11 de abril del 2001, en un Barça-Celta, puso punto final a 18 años en el club como jugador: llegó en 1984, siendo un crío, y dijo adiós convertido en mito. Fueron 11 temporadas en el primer equipo, 379 partidos jugados, de los que ganó 224, empató 82 y perdió 73. Aquella noche salió a hombros de sus compañeros Luis Enrique y Sergi Barjuan. Un par de horas después, cuando los focos se apagaron y el estadio se vació, volvió al centro del campo vestido de calle, acompañado de sus padres y Cristina, su compañera.

Su primer adiós estuvo manchado; el de hoy no hay quien lo ensucie. Entonces, como ahora, hizo las maletas porque no podía más. “Si estuviera contento, no se iría”, dijo en su día Koeman. La relación con el presidente Núñez no era buena y el club no le hizo ningún homenaje. Pero el Camp Nou habló para despedirle con afecto. El 4 del dream team supo entonces que aquella gente de la grada le respetaba y le quería. Un afecto que cuatro años en el banquillo han multiplicado hasta el infinito.

Guardiola, ese que pidió a la afición que se pusiera los cinturones porque iba a pasarlo bien, dice que solo ha querido trasladar a la gente “el placer indescriptible de chutar un balón”. “Hemos tratado de reflejarlo en nuestra forma de jugar, a través de la pelota. Hemos metido muchos goles y creo que la gente ha disfrutado. Pero no hemos querido ser bandera de nada”.

Ha ganado tres títulos en su último año, a la espera de la final de Copa contra el Athletic, pero Guardiola se va después de perder su primera Liga. No le pone reparos a los méritos acumulados por el Real Madrid: “Cuando un equipo suma los puntos y los goles que lleva el Real Madrid es porque se merece ser campeón. Llegué al Barça con 13 años y, a excepción de cinco o seis, me he pasado la vida aquí, donde me he formado como futbolista y como chico. La lección que me queda es que para ganar al Madrid hay que hacerlo muy bien porque con solo hacerlo bien no es suficiente”, afirmó. El pasado miércoles, después del partido contra el Málaga, Guardiola ya felicitó al campeón pero, a la vez, lanzó un mensaje enigmático. “Este año han pasado muchas cosas que el club ha tapado con su silencio”, dijo. Ni entonces ni ayer quiso entrar en más detalles pero aclaró que no había mensaje a su presidente: “El club siempre se ha comportado de forma modélica”. También aceptó que pudo haberse equivocado al decirlo. “Sé que hay quienes quieren verme de un modo que no soy. Puede que me haya equivocado, pero no me arrepiento de nada”, enfatizó el de Santpedor, antes de ironizar: “Lo que está claro es que algunos tienen la piel muy fina”.

“Ahora resulta que en el banquillo hay que estar riendo y dándonos besos con Tito. Y parece que con Leo pasa lo mismo”, respondió sobre si su relación con Messi se había resentido en los últimos días. “Ellos son jugadores y su felicidad depende de que hagan bien las cosas. He sido un privilegiado por estar con ellos, cada día. Yo no estoy aquí para cambiar a los futbolistas, tienen que ser como ellos quieran, no como yo diga. Pero nos hemos llevado divinamente. Cuando hablé con ellos ya les dije que me llevo toda su estima. Algún día nos encontraremos por la calle y charlaremos. Eso es lo que queda al final, las copas se olvidan”, remachó Guardiola.

En los últimos cuatro años en el Camp Nou se ha vivido la sublimación de una idea que se ordena a través del balón. En el estadio, las sensaciones no engañan: hoy se cierra la puerta del mejor Barça de la historia. En 117 partidos oficiales de la era Guardiola, el Camp Nou ha vivido 96 victorias, 14 empates y siete derrotas; ha celebrado 360 goles, 112 de Messi, 29 de Pedro y 26 de Eto’o; y ha lamentado los 76 en contra, con una media de 3,07 goles marcados por partido y 0’64 encajados.

Han pasado tres años, ocho meses y 23 días desde que Guardiola ganara su primer partido oficial en el Camp Nou, contra el Wisla de Cracovia, 1.362 jornadas que han marcado la historia del club y las vidas de los millones de personas que un día podrán explicar que vieron jugar al Barça de Guardiola. El resto son trofeos, hasta 13 de momento. Pero, al fin y al cabo, “las copas solo son números”, sostiene él.

Superhombres del banquillo... por JOAN GOLOBART

La responsabilidad desgasta, pero lo que más debilita es que aparezcan otras opciones


Esta noche tenemos un nuevo derbi, con alguna particularidad que puede ser importante para los dos equipos y sólo el futuro podrá determinar hasta qué punto puede ser clave. Me refiero evidentemente a la inevitable marcha de Guardiola y a que Pochettino estaba valorando la posibilidad de tomarse una año sabático debido al desgaste.

Curiosamente, tras el artículo de la semana pasada, un lector seguramente triste por la marcha de Guardiola me pedía si podía establecer una comparativa con Alex Ferguson, el eterno entrenador del Manchester United. Preguntaba por qué el escocés es capaz de prolongarse en el tiempo en el banquillo de un equipo que también tiene la exigencia de los triunfos constantes y en cambio una persona joven como Guardiola tenía que tomarse un respiro para descansar y retomar la ilusión del primer día. Situación de la que inevitablemente Mourinho intentó sacar tajada y astutamente dijo que sólo se sentía fatigado y estresado durante el mes de vacaciones, intentando transmitir que él es una persona capaz de convivir con el mayor estrés sin perder por ello la ilusión. ¿Debemos pensar que Ferguson y Mourinho son superhombres y en cambio Guardiola y Pochettino, en caso de abandonar el banquillo perico, son unos flojos?

Como siempre, hay argumentos de todo tipo que nos podrían convencer de cada una de las situaciones. Comparando a Guardiola con Mourinho podríamos determinar que el recorrido de éste en la élite del fútbol con máximas responsabilidades se circunscribe a su etapa como primer entrenador. El portugués no tuvo la posibilidad de desarrollar su carrera como jugador y por lo tanto su mente no ha padecido el desgaste del de Santpedor. Pero este argumento, que podría ser válido, queda anulado si analizamos la trayectoria de Ferguson, que empezó entrenando al East Stirlingshire en 1974 y todavía sigue en un banquillo. Sólo tuvo un paréntesis, al ser destituido en el St. Mirren por haber negociado a escondidas su marcha al Aberdeen.

Para tratar de explicar esta longevidad y perseverancia podríamos argumentar dos cosas fundamentales. Primero, el concepto de fracaso en la cultura futbolística inglesa, que se diferencia mucho de la española o latina. Aquí ganar es triunfar y no hacerlo es fracasar. En las islas británicas puedes no ganar y en cambio tener un reconocimiento de tu labor. Y segundo, el desgaste que producen los medios y el entorno. En Gran Bretaña el fútbol se vive muy intensamente los días de partido y algo los previos y posteriores, pero el resto de la semana existe una paz futbolísticamente angustiosa.

¿Es la mejor opción para Guardiola o Pochettino tomarse un respiro o es mejor continuar? Es muy complejo llegar a saber qué es lo más conveniente para una persona, porque para ello debemos conocer lo que pasa por su mente actualmente y lo que le depara el destino. Seguramente ni ellos mismo pueden asegurarlo. Lo que sí es cierto es que muchos técnicos que han apurado su estancia en un equipo o han escogido una ruta determinada nunca más volvieron a ser lo que fueron. Tenemos a Sacchi, uno de los más sabios, pasando a la selección de Italia desde su Milan ganador, donde consiguió un subcampeonato del mundo. Y a partir de ahí nada de nada, hasta el punto de que en su vuelta al Parma dejó el cargo a las tres semanas.

Observando el mundo del fútbol y la vida que nos rodea, he llegado a la conclusión de que existen responsabilidades que te desgastan, pero lo que más te debilita es que aparezcan otras opciones. Convivir con ellas es muy duro; lo que te puede hacer más fuerte es desconocerlas o negar su existencia. Pero como de lo que se trata no es de ser el más fuerte sino el más feliz, espero que Pep y Mauricio, dentro de unos años, ratifiquen que tomaron en su día la decisión correcta.

El 'Loco' Bielsa, esa máquina de cordura que hace soñar al Athletic... por José Manuel García


He visto una vez a Marcelo Bielsa. Y no me ha hecho falta más. Lo he seguido y puedo asegurar convencido de que es el mejor entrenador del mundo. El actual técnico del Athletic lo viene demostrando, año tras año. Los dirigentes de San Mamés quieren que el argentino siga en el club muchos años más. La afición rojiblanca está encantada con el Loco y con su fútbol. Y él se quedará, así se lo ha dicho a los suyos. Se quedará un tiempo más en Bilbao. Al menos por ahora.

La vez que lo vi fue en noviembre de 2001, en Buenos Aires, durante los fastos de la despedida como futbolista de Diego Maradona. En la cancha de Boca, cómo no, jugaron una selección mundial contra la selección Argentina. El homenaje fue una emotiva pachanga, organizada para honrar al D10s, que hizo lo humanamente posible por encontrarse a tope, aunque su humanidad de kilos lo superaba todo. Pero el genio que le inocularon sus padres superó montañas, incluyendo una maltrecha rodilla, la izquierda (recién operada en Colombia), que le hizo pasar un quinario. El Diego fue vitoreado y salió a hombros. Al “Loco” le dijeron de todo desde los graderíos, pero aguantó como un torero de la mano del homenajeado.

Y es que Marcelo Bielsa, a la hora de cuadrar conceptos, no tiene un pase de más, una sílaba de menos. En aquella impresionante selección, que lo ganaba todo, no cabía Román Riquelme, el ídolo de Boca, y sí otros superclases, como Pablito Aimar o la Bruja Verón. Riquelme, el dios del firulete y las gambetas imposibles, no entraba en los planes de Bielsa: la cadencia del fútbol del 10 xeneize chirriaba con el fútbol de presión arriba, robo de balón, entrada por bandas y mirada obsesiva al arco rival. Para los hinchas de Boca suponía todo una herejía que Marcelo prefiriese a Verón y Aimar, incluso al Burrito Ortega o al Muñeco Gallardo, para la labores de enganche antes que a Riquelme.

Pero Bielsa jamás pronunció una palabra por encima de otra contra Riquelme. En realidad, Bielsa nunca habla mal de nadie; si alguien busca la agresión, el Loco tira de cordura y prudencia, y de educación.

Bielsa es una enciclopedia futbolística andante, un disco duro que camina fútbol, respira fútbol, duerme fútbol y desarrolla fútbol. Fútbol en tres dimensiones. Fútbol, fútbol y fútbol. Sólo es feliz en zapatillas de deportes, atisbando un balón, mirando el verde de un césped. En estos días de llovizna, cuando se tiene que desplazar en auto a través de las empinadas montañas vascas tan vestidas de verde, el Loco hace un comentario al compañero de al lado: “Es hermoso, lástima que no hubiera llanura, serían grandes campos de fútbol”.

Cada decisión de Marcelo encierra una pila llena de argumentos tan contundentes, que no admite réplica. Lo puede asegurar la legión de futbolistas y técnicos que han vivido bajo su silbato. A todos les ha transmitido sabiduría y energías. A todos les ha inculcado un amor reverencial por la pelota, su buen trato, la velocidad de su desplazamiento, el toque, los desmarques, los relevos… el gol.

Marcelo Bielsa todo lo define así: la pelota y los compañeros. El conjunto de esos elementos: el equipo. Y un equipo es lo que ha conseguido hacer con el Athletic. Este verano, ante la sorpresa de muchos, Josu Urrutia se sentaba en el sillón presidencial del histórico club rojiblanco y a su diestra, con sus eternas gafas para casi todo, Marcelo Bielsa. De allí, a Lezama. De Lezama a San Mamés. Como un monje del fútbol, vestido de humanidad, con un bagaje tremendo de vivencias, y con una libreta enorme para apuntar todo, para seguir rellenando espacios de vida y fútbol.

Al principio del Campeonato, el método de Bielsa desafinó; el equipo fue dando tumbos y patinó por los últimos lugares, pero nadie se puso nervioso al ver que ese tipo grandote y algo tripón, seguía enfrascado en los mil detalles de este deporte, sin decaer su ánimo, sólo corrigiendo, corrigiendo. Y la pelota volvió a salir al pasto de San Mamés, y los chicos de rojiblanco comenzaron a tocar, a triangular, a no dejar espacios vacíos, a circular por las bandas, a ganar partidos, a golear. El Athletic comenzó a caminar. Y caminó tan bien sobre los campos de Europa, que Alex Ferguson, el gran mariscal humillado del Manchester United, entregó su sable y sus títulos por una charla con el Loco. Dijo sir Alex: “Ese tipo (Bielsa) me ha ganado y bien”.

Ahora nadie en una parte importante de Euskadi duerme sin que el último pensamiento sea sobre el Athletic. Todos sueñan con Bucarest, con el primer gran título europeo. La Europa League. Frente al Atlético del Cholo Simeone. Dos concepciones muy distintas del fútbol. Ambas ganadoras. Pero uno se quedará con el segundo puesto. El Loco se lo ha dicho a los suyos en bajito. Los prepara para todo: para la alegría y para la decepción. Para vivir en fútbol. Para que el Athletic sea como él, un loco muy lleno de cordura.

Derbi de despedida... por JOAN DOMÈNECH

Guardiola pide «naturalidad» en el último partido en casa ante un Espanyol en el que Pochettino amaga con irse


No habría mejor despedida para Pep Guardiola ni desearía otra mejor el técnico en su último partido en el Camp Nou que sumar una victoria. Como la del debut, el 13 de agosto del 2008 frente al Wisla de Cracovia (4-0). Sería la 95 en 119 partidos que habrían aplaudido los socios en el estadio; la 116 en 151 encuentros de Liga que subrayarían el promedio más alto logrado por un entrenador; la 178 en 245 partidos que habrían contemplado los aficionados culés allí donde estuvieren.

Guardiola pidió ayer «naturalidad» en el momento del adiós. No habría mayor naturalidad que el triunfo azulgrana, una rutina que han conseguido establecer sus pupilos en cuatro temporadas triunfales. Aunque enfrente esté el Espanyol, el rival que le ha quitado más puntos a Guardiola como se encargó de reivindicar Mauricio Pochettino. El técnico azulgrana ya anunció que se marchaba; el blanquiazul lo insinuó. «Tampoco es cuestión de que me copien», bromeó Guardiola ayer antes de saludarse con su homólogo sobre el césped del Camp Nou.

CENTRARSE EN EL FÚTBOL

Hoy volverán a saludarse, pero con el ánimo menos amistoso. El Barça vivirá una fiesta que el Espanyol tratará de chafar. Y lo que pretende Guardiola, tan comprensivo como incómodo por ser el protagonista principal, es que la hinchada focalice su atención sobre el césped. Si le aclaman y le aplauden, que sea con «espontaneidad», que él ya es feliz y se siente agradecido con las experiencias que ha vivido. «Las cosas no funcionan cuando quieres forzarlas», dijo.

«Es normal que haya cierta atención porque he sido el entrenador los últimos cuatro años, pero la gente irá a ver un partido de fútbol», explicó. Sabe que se preparan actos de homenaje hacia él, pero los asume como integrante de un equipo que «ha rayado los 90 puntos de Liga por temporada, que ha marcado una cantidad indecente de goles y que ha conquistado 13 títulos de 18 disputados». Guardiola se considera «un privilegiado». Por haber dirigido a esta plantilla, por haber triunfado como entrenador y por poder marcharse «limpio y libre», independiente desde el primer día, y sin ataduras ni servidumbres con nadie. Incluso por haber «podido elegir el final»; es decir, sin que le hayan invitado a marcharse o con la destitución, que suele ser la despedida habitual de un entrenador.

LAS COSAS QUE HAN PASADO

No será su caso. Había decidido irse con independencia de los títulos que recopilara esta temporada. Son tres, pueden ser cuatro, tras despedirse de los otros dos la pasada semana. «Para ganar al Madrid tienes que hacerlo más que muy bien; es un rival muy bueno y demasiado fuerte en todos los sentidos», explicó sobre el gran rival cuando le emplazaron a aclarar la críptica denuncia que hizo el miércoles, al aludir a las «muchas cosas que han pasado» en este ejercicio pero sin enumerarlas.

La reflexión de tener que ser mucho mejor que el Madrid y superar todas las adversidades la hizo al vestuario el primer día; el miércoles la expresó en la sala de prensa. No se arrepentía de esa observación pese a los comentarios (y críticas) que generó. «Veo que tienen la piel muy fina», ironizó.

ABRAZARSE, BAILAR Y BESARSE

El mismo sarcasmo empleó sobre sus relaciones con Tito Vilanova -«se ve que debemos abrazarnos y bailar y besarnos en la mejilla en el banquillo»- y con Leo Messi: «De Leo me llevo muchas cosas, todas buenas. Los jugadores no tienen que ser como yo quiera que sean ni deben ser iguales en su manera de ser, basta que haya respeto y convivencia entre ellos.

«No he estado aquí para pasar a la historia, sino para hacer mi propia historia. He procurado hacer mi trabajo lo mejor posible, como cualquier persona; si somos mejores o peores, si fuimos buenos o malos, lo dirá la gente y el tiempo», concluyó a modo de epitafio.

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