La principal ventaja de carecer de cualquier credibilidad es que no puedes pretender engañar a nadie.
Aparentemente, Punto Pelota juega con esa prerrogativa para presentarse como un simplón espacio de entretenimiento. Enervante, si, pero sin aparente intención de ir más allá de los exiguos límites del humor mamporrero.
Muchos nos hemos excitado, e incluso indignado, viendo como los colaboradores del programa sobrepasaban los límites de la vergüenza, pero en definitiva, sabíamos que estábamos asistiendo a una farsa que no pretendía más que eso: cabrearnos y darnos tema de conversación para sobremesas con otros insomnes impenitentes.
Ante lo evidente, es obvio que nadie puede creer que todo aquello que se ha dejado ir con absoluta impunidad en el programa, pudiese pretender, ni de lejos, colar como materia informativa.
Anoche, sin ir más lejos, el carpetovetónico Ramos Marco defendía, con aquel rústico desenfado, que el codazo de Sergio Ramos a Diego Costa dentro del área vallecana, no sólo no era penalti ni tarjeta para el defensor madridista, sino que era el delantero rayista el que agredía con sus morros en el codo al desprotegido defensa cameño.
Ante tamaña reencarnación de los éxitos de Pajares y Esteso, parece imposible creer que Punto Pelota pretenda engañar a su sufrida audiencia.
En este entorno de risas y tontería, Josep Pedrerol aprovechó la conjunción del veto del F.C. Barcelona con una escapada de fin de semana para su merecido solaz y esparcimiento, para colocar al descolocado José Antonio Luque al frente de la edición dominical de Punto Pelota, posponiendo de ese modo su aparición ante las cámaras hasta ayer lunes y creando cierta expectación ante su esperada respuesta al veto del club blaugrana.
Demostrando que en Punto Pelota el audiometrismo prima incluso sobre el pseudoperiodismo, Pedrerol inició su programa introduciendo el tema del veto y de su réplica como cebo, para que sus desvelados teleespectadores resistiesen hora y media de desvaríos y despropósitos antibarcelonistas. Tiene todo el derecho. Tontos los que nos quedamos despiertos.
De hecho, Pedrerol tiene derecho a hacer lo que le dé la gana con su programa, pero es en el psicodrama camuflado de respuesta al veto de la junta de Rosell de anoche, donde Josep Pedrerol pasó de ser el director de orquesta de un pasatiempo provocador, al perpetrador de una impúdica trampa. Pasó de reírse con su audiencia, a reírse de ella. Dejó de jugar con sus espectadores, a tratarlos de deficientes mentales.
Un profesional con casi treinta años de carrera no puede creer que, haciendo cerrar filas a sus colaboradores de pago en el plató y soltando dos lagrimillas, la audiencia pueda tragarse que ese elenco de cómplices creen realmente en lo que hacen (sólo había que ver el careto de Carme Barceló). Pedrerol no puede pretender que poniéndose paternalista y perdonavidas con periodistas que no comparten su concepto pseudoperiodístico, la opinión pública olvide años de tergiversación, manipulación e impúdica caradura.
Josep Pedrerol no puede, por ejemplo, dar lecciones a un medio centenario por publicar una encuesta teledirigida. Sobre todo cuando uno de los momentos álgidos de su programa es cuando él mismo comunica, cada noche, el enunciado de su absolutamente pendenciera encuesta diaria.
Del cachondeo nos reímos todos. Las lecciones morales sólo las aceptamos de aquellos que se hacen respetar.
PD. Punto Pelota utilizó anoche un RT de Bar Deportes (@bardeportes, bardeportes.blogspot.com): "Creo que Punto Pelota tendría que actuar en consecuencia y vetar al Barça, no volviendo a hablar de él nunca más..."
Dicho RT es de un tweet de mi cuenta @extrizquierdo. Como autor del comentario, me preocupa que Punto Pelota, que evidentemente ni sigue mi humilde blog ni mi despoblada cuenta de Twitter, no haya captado la intención de la tontería que me dio por escribir.
Mis esforzados seguidores saben perfectamente cual es mi opinión sobre el tratamiento que de la información deportiva hace la caverna. Pero para evitar malos entendidos, quiero aclarar que lo que quería decir en mi tweet es exactamente lo que se puede leer en él: quisiera que Punto Pelota no volviese a hablar nunca más de un club al que ha faltado al respeto desde el primer día de emisión.
Evidentemente, la ironía está en que todos sabemos que eso es imposible. Punto Pelota vive de una audiencia madridista necesitada de consuelo y de una audiencia barcelonista ávida de morbo, que sin su dosis de inquina diaria, no harían viable la continuidad en antena del programa sustento de la cadena ultraderechista.


















