viernes, 13 de mayo de 2011

Oro y guano... por Rubén Uría

Parece que ha pasado toda una vida, pero fue hace sólo unos meses. Los socios del Barça, como manda su tradición y su historia, acudieron a las urnas para ejercer su derecho al voto. El respaldo social, de manera abrumadora, fue para el candidato Sandro Rosell. 

Desde la ingenuidad pero también desde la valentía, el nuevo presidente anunció una auditoría para esclarecer el estado real del patrimonio del FC Barcelona. Cumplió con su compromiso electoral (extraño en un país donde casi nadie cumple lo que promete) y decidió explicar en qué estado se encontraba la tesorería. 

Aquello detonó una bomba de relojería, porque la sombra del presidente que quería jugar a hacer política era, todavía, muy alargada. Fue sentarse Rosell en la poltrona y su mandíbula tuvo que encajar una ración de golpes. Una legión de satélites de Laporta (algunos a control remoto, desde Madrid) se dedicó, en cuerpo y alma, a torpedear el crédito del presidente electo. 


La campaña consistió en rociar el entorno culé con una serie de bulos que conviene recordar: Que si Guardiola no renovaría porque no tragaba a Sandro, que si Sandro estaba a partir un piñón con Florentino, que si la nueva directiva no tenía experiencia para fichar y que si el Barça se rompía. No debió ser plato de buen gusto para un presidente recién llegado. Cediendo todo el protagonismo a su entrenador y sus jugadores, lejos del ruido de sables, Rosell trató de combatir al enemigo y a las turbulencias con equilibrio. Y quien busca oro, encuentra oro.

Salvo por aquel desafortunado pronóstico en un acto benéfico (un tiro en el pie) por el que pidió disculpas en público, el presidente supo estar a la altura exigida. Mantuvo las formas cuando otro, de sangre más caliente, habría entrado al trapo, y tuvo el pulso firme cuando se trató de defender al club de acusaciones sin pruebas (villarato, horarios, dopaje). Resulta curioso comprobar que aquel Barça que se rompía y se moría, hoy está unido y goza de una salud de hierro. Y que aquellas teorías conspiranoicas han quedado retratadas: Hoy este Barça es más que ayer, pero menos que mañana. Es tan catalán, tan español y tan universal como en el pasado, pero menos que en el futuro. 

Hoy el Barça sigue teniendo deuda, pero menos que hace un año. Hoy el Barça no sólo conserva intactas sus señas de identidad (fabrica Balones de Oro, no los compra), sino que sus estructuras son un puente de plata para un mañana mejor. Y hoy el Barça sigue haciendo disfrutar en el campo, donde ha vuelto a ganar la Liga y está en disposición de levantar la Copa de Europa. Hoy Sandro es un buen presidente y mañana, si sigue gestionando sin ansias de protagonismo, será todavía mejor. Desde una gestión satisfactoria, donde todo el protagonismo recae en Guardiola y sus chicos, Sandro Rosell saborea el patrón oro del Barça. Los falsos profetas, aunque se abracen a las farolas, no. Están en el guano.

Hablando de guano, parada y fonda en el Atlético. En su vestuario graniza estiércol. Quique Flores no soporta a Diego Forlán, y viceversa. El entrenador activó la resurección de un equipo moribundo, alcanzó tres finales y conquistó dos títulos en seis meses. El uruguayo fue héroe de la afición en Hamburgo, dejó un rosario de goles con la rojiblanca y fue Bota de Oro, trofeo hasta entonces inédito en la historia del club. Ambos estaban condenados a entenderse pero, lejos de comportarse como profesionales, han avivado su guerra personal y han destrozado la unión del vestuario. Alguien debió haberle recordado a Quique que le pagan por sacar lo mejor de sus recursos humanos y alguien debió hacerle ver a Forlán sus desaires, privados y públicos, acabarían por cavar su fosa. 

En este conflicto absurdo pierden todos: Pierde Quique (buen técnico pero ¿dialogante?); pierde Forlán (etiqueta de problemático); y pierde la afición del Atlético, estafada por la irresponsabilidad de ambos. Tras un año de gresca soterrada y ahora pública, Forlán y Quique se irán. Pero la afición se quedará. Seguirá sacando su abono, año sí y año también, esperando que algo cambie. Sinama Pongolle, de efímero paso por el club, dejó una frase para la posteridad: "Aunque echen al entrenador, va a seguir la misma mierda ahí". Y ahí sigue. Lleva 24 años. Parece una cadena perpetua.

Bonustrack 1: Hace sólo unos días, gran parte del colectivo periodístico, a través de las redes sociales, se quejaba de las ruedas de prensa sin preguntas, y lanzaba la iniciativa #sinpreguntasnohaycobertura No deja de ser paradójico que hoy mismo, el entrenador del Atlético de Madrid ha dado una rueda de prensa, donde sólo él ha tomado el turno de la palabra y donde ningún periodista ha podido realizar preguntas. Bueno, pues la sala de prensa estaba a reventar. Ya ven lo que vale la palabra de algunos periodistas. Hasta cuando se trata de defender su propio pan, el periodismo también está en el guano.

Bonustrack 2: Más abono intelectual. Diario Marca: "Adán presenta números de Zamora". Así están las cosas.

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